: : No es mi culpa
No soy muy amigo de las teorías de complots y conspiraciones. Sin embargo, los años me han abierto los ojos ante muchas cosas que en su momento fueron simples accidentes y terminaron siendo producto de las maquinaciones de diabólicas mentes. Personas que perseguían fines tan banales como lo es el dinero. Así es. Uno de los peores males es el amor al dinero. Lo que sucede es que siempre se ha sabido que con dinero se compran huevos, y eso parece ser lo único que importa. Por eso cuando aparecen estos personajes enfermos recuerdo eso. Acá la cosa ha sido siempre ver como se le echa la culpa a otro de los problemas. Todos están mal menos nosotros. Eso sucedió. Sodini estaba loco. Tomó sus pistolas y se desquitó con las culpables de su soledad. Las mujeres. No había nada malo en él. Ellas no le estaban poniendo mucha atención. Ellas no querían tener nada que ver con él. Por eso las fue a buscar y les disparó indiscriminadamente. Cuando leo o veo en televisión este tipo de noticias me erizo. No puedo creer que así sean las cosas. Que poco respeto tenemos los humanos por la vida. Nos hemos acostumbrado a que todo sea desechable. Prescindible. La vida también.
Locos como este siempre existirán eso está más que claro. No son fáciles de encontrar, pero ahí están. Entre nosotros. Agazapados. Mimetizados. Ahí. El problema más grande que le veo a este asunto, y que me perdone don Charlton Heston, es la facilidad que tienen estos personajes desquiciados para acceder a las armas. En verdad, cualquier persona puede llegar a ser un asesino en serie. Es cosa de que esté lo suficientemente loca y que tenga un buen reporte a la hora de adquirir sus armas. Ah, pero poner restricciones a esto sería ir en contra de los derechos de estas personas. Los derechos de todos. En qué momento nos perdimos tanto. ¿Acaso no es la vida el derecho primordial? Tener armas en casa no nos da más seguridad ni nos hace más hombres. Las armas son un peligro, como dicen por ahí, las carga el diablo. ¿Se acuerdan del jovencito que descubrieron con un arsenal en su casa? Horror. Otro pastel que andaba suelto.
Cuando vivía en Nueva York me entraron a robar en dos ocasiones. Fue antes de que Giuliani negociara con los ladrones y las prostitutas. Volviendo a lo mío, después de esas dos rapacerías, lo primero que se me pasó por la cabeza fue ir a comprar un arma. Partí presuroso a una armería. El encargado me atendió cordialmente. Me sentía en Macy’s. Con toda paciencia me mostró un montón de revólveres. Me explicó las características especiales de cada uno. Su versatilidad y el poder de destrucción. Una clase magistral. Las había de todos los calibres, tamaños y precios, y como si fuera poco, venían con un cupón para ir a practicar tiro gratis. Que mejor. Ofertón incluido. Esa noche fui a mi casa y en las noticias se vio el caso de una familia destrozada por la muerte de uno de sus hijos menores. Los niños habían encontrado el arma de su papá y jugando con ella uno fue herido de muerte. Miré a mis hijas y se me apretó el corazón. Inocentes. Indefensas. Un arma en la casa no era la solución de nada. Para mi sorpresa el trámite que demoraría un par de semana para revisar mis antecedentes duro un día. Mi arma estaba lista para que la fuera a buscar. No lo hice. Dije no gracias. Hoy camino desarmado por las calles. Nunca más he tenido problema alguno. Simplemente me cambié de barrio.
: : La dieta balanceada
A veces sucede así. Hay días que empiezan con gusto a poco. De entrada ya estaba con hambre. Espero que el resto del día no sea así como estos insípidos titulares. Que no sea tan solo otro día más. A la noche lo sabré. Mañana les cuento.
Esto de la dieta balanceada es pan de cada día. Por todos lados se habla de eso. Es un tema recurrente, especialmente en la televisión. Pero está bien, es importante. Una dieta balanceada es lo que se necesita para vivir una vida saludable y larga. Mucho de una sola cosa es malo. Todos los excesos son nocivos. Unos más que otros, pero malos. Lo mismo sucede con la información. Con los titulares. Si uno sólo se pega en un tema está teniendo una dieta des-balanceada. Una parte del cerebro está desarrollándose más que otra. Los encabezados de los diarios son parte importante de nuestra dieta cerebral. Algunos mejores que otros, pero en fin, todos necesarios. No podemos vivir sin saber lo que está pasando a nuestro alrededor. Eso es bueno. Ayuda para no quedarse rezagado en las tertulias, y a que sean entretenidas. Si, ya que no sólo de alcohol vive la noche.
Ayer fue diferente, los periódicos estuvieron cargados de nutrientes para el cerebro. Leí por ahí sobre el Real Madrid. Más de trescientos millones de dólares pagaron por seis jugadores. Increíble. Me quedé helado. En el mismo artículo decían que con ese dinero se podía cancelar la deuda externa de treinta y dos países o construir unos doce hospitales. Asombroso. También leí que Janet se había metido a la casa de Michael y la había desvalijado. Extraordinario. Pasa hasta en las mejores familias. También me encontré con que en otro lado están con el debate sobre la Pena de Muerte. Una tremenda discusión. Pero eso es bueno, ya que las cosas se arreglan hablando. Ojo por ojo dicen por ahí. Si no la reinstauran, por lo menos podrían ver que los castigos sean verdaderos. Claro que al entrar a debatir deberían dejar sus ideas de lado. Entrar sin prejuicios. Con la mente abierta. Tal vez eso no sea mucho pedir.
Así con esto de las noticias y los titulares. Cosa sería. Hay de todo y para todos, es simplemente cosa de buscar. De hacerse el hábito y rastrojear en los buscadores de internet. Es un ejercicio sano que ayuda a despertar el hambre por la verdad. Claro que nunca que me quedo con una sola idea. A veces, la misma noticia viene escrita de otra manera por otro lado. Eso es interesante. Un profesor hace algunos años me dijo que era sano y saludable dudar. Desde entonces ya no me creo todos los cuentos. No señor. Le busco y le busco. Puede ser que eso del Real Madrid sea un error tipográfico o que Janet se haya llevado cosas que le pertenecían y que le había prestado a Michael. Puede ser que haya un debate sobre la pena de muerte y que se escuche la voz del pueblo. Quién sabe.
Trato de que mi dieta noticiosa sea balanceada. Anoche en el supermercado, con mi señora nos pesamos en esa balanza gigantesca que está en la entrada. Horror. Habíamos subido de peso. Alguna parte de nuestra dieta estaba fallando. Algo no está bien. En este caso, dudo que sean los titulares, esos que hoy estaban con sabor a nada. Aunque puede ser que todo sea un error. Puede ser que la báscula haya estado descompuesta. Eso, recuerden que es sano y saludable dudar. Esta mañana los periódicos venían sin proteínas. Nada de carbohidratos. Cero vitaminas. Después del desayuno me quedé con hambre, de noticias, de información, y parece que también de la otra, así que llegando a la oficina me compré unas donuts y se arregló la mañana.
: : En el país de los ciegos
Los no videntes van a encontrar un tremendo problema cuando entren a las pistas de las ciudades del mundo, algunas peores que otras, ya que muchos conductores miran pero no ven. Esos son los peores.
Esto me hizo pensar. Por años, todos hemos vividos ciegos ante una cosa u otra. Una ceguera selectiva podríamos decir. Mi madre solía decir que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Mi madre decía muchas cosas. Tenía proverbios para todo igual que mi abuela. Eso es otra cosa que con los años se ha ido perdiendo. Pero volviendo a lo mío, es verdad. El peor ciego es aquel que se rehúsa a ver las cosas como son. Que niega la verdad. Que se nubla ante los hechos. Ese que se cierra al razonamiento lógico. Dentro de la misma idea, otro refrán que se me viene a la memoria es ese que dice que en el país de los ciegos, el tuerto es rey. Brillante la persona que esgrimió esa frase por primera vez. Un genio, como los estudiantes de Virginia Tech. Por ahí viene la cosa.
Votantes videntes que no quieren ver, eligiendo tuertos para altos cargos. Ese es el mundo en el que vivimos. Esa es la triste realidad. Un mundo lleno de personas que prefieren hacer como si nada estuviera mal. Que miran al lado para no ver lo que está delante de sus ojos. Generalmente son cosas malas. Nadie quiere ver lo negativo, lo feo o lo injusto. Ese tipo de cosas son problemas de otros. Yo muchas veces he hecho lo mismo, y no me enorgullezco de eso. Es una espina que cargo encima. Es mi vergüenza. En todo caso, algunos no videntes selectivos lo hacen simplemente por ingenuos. Creen que los tuertos a quienes les dieron el poder tienen la varita mágica de Harry Potter. Pobres. Lo siento, pero eso no es más que mucha televisión.
En nuestro continente americano sucede eso con mucha frecuencia. Hay ciertos gobiernos manejados por tuertos de la peor clase. En la mitología griega existían los Cíclopes, una raza de gigantes que tenían un solo ojo. De muy mal carácter y siempre hambrientos eran considerados monstruos. Me llama la atención la semejanza con los tuertos gobernantes. Monstruosos ogros hambrientos de poder. Elegidos y seguidos fielmente por una tropa de ciegos selectivos, esos que aún viendo prefieren no ver.
Entiendo que muchas personas están cansadas de sus gobiernos que han abusado de forma constante de ellos, pero seguir eligiendo al menos malo no es la idea. Es tiempo de que alguien realmente busque elegir al mejor, al más capaz, al más preparado. No puede ser que sigan dando palos de ciego tratando de derribar la piñata llena de dulces que nunca llega. Privatizaciones, expropiaciones, discursos populistas. No puede ser que en pleno siglo veintiuno, después de todo lo que han vivido nuestros pueblos no podemos seguir cometiendo los mismos errores.
Durante ocho años un tuerto gobernó este país. Aun hay quienes lo defienden ciegamente. Aun hay quienes no quieren ver que lo que hizo lo colocó en la historia como el peor. Parece que está en nuestro ecosistema. Somos autodestructivos por naturaleza. No aprendemos de nuestros errores como raza. Estamos perdidos. Esa ceguera selectiva que manejamos es fuerte. No es cosa poca. Necesitamos una sicoterapia de esas descomunales. Con hipnosis y todo. Nada de un sicoanalista por persona, lo que necesitamos es un equipo de especialistas por cabeza. No aprendemos.
Los muchachos de Virginia Tech han dado un gran salto en la historia. Han demostrado que han hecho bien sus asignaciones. Han sido aplicaditos y han conseguido algo importante. La comunidad no vidente debe estar orgullosa de ellos igual que yo. Así es, me siento orgulloso de ellos. Me da gusto ver jóvenes utilizando su inteligencia en cosas productivas. En el bien social. En todo caso no sé qué tan buena sea la idea. Las calles y carreteras ya son suficientemente peligrosas como están. Créanme que no tengo nada en contra de los ciegos. Durante mucho tiempo y para muchas cosas yo también he sido uno.
: : El perro de mi vecino
Es cierto que no siempre las cosas salen como esperamos. A veces se demoran más de la cuenta en salir. Toman más tiempo de lo programado. A veces, las cosas no son como quisiéramos y eso afecta directamente nuestro estado de ánimo. Nos deprimimos. Nos perdemos. Pero todo en la vida tiene que ver con la manera en que decidimos tomarnos lo que se nos viene encima. Por ahí dicen que depende del cristal con que se mira. Uno podría decir que algo es terrible, pero cuando lo analizamos mejor puede ser que no. Que no sea nada malo. Que por el contrario, sea una oportunidad para cosas mejores.
Sucede que con el arreglo de mi calle, que de paso estará listo dentro de diez días, llegar a mi casa se ha convertido en una odisea. Una caminata eterna. Un verdadero martirio. Pero como decía, todo depende de cómo se le mire. Anoche, justo cuando me bajé del bus, sonó mi teléfono celular de última generación y colores neón. Era una de esas llamadas que de haberme pillado ocupado no habría respondido ni devuelto. Pero ahí estaba. Por mi mente cansada no pasaba ni una buena excusa para evadir la llamada. Lo correcto era que contestara, y lo hice.
¡Aló! Dije, y empezamos con la conversación. Eterna. Aburrida. Sin una razón de ser. Me desagradan ese tipo de llamadas. Me molestan. Me incomodan. Claro que depende de quien llama. Ese es un factor importante y que no se me debe escapar. Depende de quien llama.
La noche estaba preciosa. Fresca. Luminosa. Perfecta como para tomarse un trago en el balcón. Ideal para descansar. Pero ahí iba yo, caminando, metido en el teléfono, escuchando un interminable monólogo que en verdad no me interesaba en lo más mínimo. Me dolían los pies. Como mi calle está cerrada, no había nadie circulando por ella. Estaba vacía. Desierta. Sin vida.
La llamada seguía quemando mis oídos y mi cerebro. No paraba. No tenía dirección ni razón de ser, pero estaba siendo a expensas mías.
En eso llegué a la entrada de mi condominio. Me alegré. Un cierto alivio me llegó. Algo así como una brisa fresca, pero en mi interior. Imperceptible. Mío. La cosa de a poco parecía mejorar, y así fue. Un perro apareció de las sombras. Ladrando rabiosamente. Feroz. Era grande el can éste. Musculoso. Aterrador. Se abalanzó sobre mí. Quería sacarme un pedazo. Mientras tanto, yo le gritaba ¡atrás!, y la llamada seguía. El teléfono no había dejado de funcionar ni un solo segundo, solo que ahora sí que no le estaba poniendo atención. El fiero mastín seguía con sus cargas hacia mí, así que le di en la cabeza con mi mochila. Un tremendo mochilazo en defensa propia. Le remecí el cerebro al sabueso. Lo hice retroceder. Espero que no me vengan con cosas de maltrato animal ni nada por el estilo. Amo a los animales, solo que no me gusta ser su alimento. No me gusta desangrarme a la entrada de mi condominio. Creo que eso no se ve bien.
Volviendo al tema, a estas alturas, lo que menos me preocupaba era la llamada. Finalmente tenía una buena excusa para cortar. El perro de mi vecino se había escapado y cargaba contra mí. Así que corté. No dije nada. Supuse que el ruido se había escuchado al otro lado del teléfono. Así que simplemente corté. Como debía ser, el dueño del perro apareció dando gritos y calmó a la bestia. Debí darle las gracias por el tremendo susto. Como ven al final, dependiendo de cómo se miren las cosas, todo lo que nos pasa puede ser para mejor.
: : El reloj del patriarca
Hasta ahí nada extraño. La cosa sonaba bien. Brillante. Elocuente. Comparto la opinión del patriarca éste. Me adhiero a su forma de pensar. Me tomaría un vodka con este caballero, siempre que su religión lo permita, no quisiera que después me tilden de mala junta. Decía que hasta ahí todo sonaba bien, ya que el sermón fue empañado por un pequeño detalle. El prelado ruso llevaba en su muñeca un reloj que cuesta unos treinta mil dólares. Espanto. No lo podía creer. Nada más y nada menos que un Breguet clásico. Háblenme de consumismo. Yo encontraba caro uno con el ratón Mickey dando la hora con sus bracitos como horero y minutero, y la colita como segundero. Una joya de precisión. Pero esto era de otro mundo. El monumento a la inconsecuencia.
La oración al aire libre de Kiev me hizo meditar, no en lo divino, sino en lo más mundano. En lo más frecuente. En lo más banal. Se me vino a la mente un partido de futbol de domingo, el señor árbitro recorriendo el campo. Revisa los arcos, mira el césped y además revisa que los jugadores no lleven pulseras ni adornos de ningún tipo, no porque el hombre de negro tenga nada contra el consumismo, sino porque en una jugada cargada de pasión podrían causar algún daño en su contrincante. Un pequeño rasguño o un profundo corte. Eso da igual. Siempre es mejor prevenir. Con esto en mente, pensé ¿porqué el jerarca no dejó la prenda esta en el vestidor? ¿Acaso no tiene asesores que le aconsejen antes de entrar en la cancha? Parece que no. En su jugada brillante, esa en la que ponía en su lugar a occidente por su consumismo, algo así como en una jugada defensiva ocasionar un penal innecesario. Casi le saca el ojo al atacante. Claramente una jugada para tarjeta roja. Expulsión directa. Un reloj de oro blanco con correa de piel de cocodrilo y calendario permanente cuando se está tratando de dar una enseñanza me suena bastante inconsecuente. Para las duchas se ha dicho, y sin chistar.
Así como el juez revisa que los jugadores no lleven nada al campo de juego que pueda herir a los del otro equipo, el jerarca ortodoxo hubiese sido sabio de no llevar el relojito en cuestión que en tiempos de crisis mundial, a más de alguno pudo herir. Algún daño se pudo causar a otro jugador, y por pequeño que sea, daño es daño. Todo rasguño deja marca. Por si no lo sabían, uno de cada seis rusos viven bajo la línea de la pobreza, o sea bajo los estándares del sueldo mínimo. Si bien es cierto, al igual que acá, en Rusia hay muchos millonarios, también hay muchos pobres. Cuesta entender que las riquezas mundiales estén tan mal repartidas. Cuesta creer que en un mundo en donde hay tanto para todos, haya algunos que no tienen nada. El patriarca debió haber dejado el reloj en el camarín.
Mi madre decía que es feo contar dinero delante de los pobres, eso nunca lo he olvidado y trato de hacer caso de sus consejos lo mas que puedo. Hay heridas que no sanan fácilmente. Creo que el consumismo es problema de cada uno. Es una cosa personal. Para eso es que uno se las pela trabajando, para poder tener para consumir. Ahora bien, la ostentación desmedida es otro problema. Me gustan los relojes. Me gustan muchos los relojes. También me gusta mucho llegar a tiempo a todas partes, aunque no siempre se pueda. Pero me molesta la ostentación, la poca modestia. La falta de tino. Creo que los que siempre han tenido no necesitan andar gritándolo a viva voz. Los que más gritan son los que de un día para otro salieron de la media. Triste. Igual que el patriarca y su reloj, creen que lo están haciendo bien. Pero no. A veces como que me canso de tanto sermón. Es divertido, pero todos son dueños de la verdad, y quienes no piensan como ellos están condenados. Me gustaría llegar al último día y ver quien tenía la razón. Cuando me llegue el momento, espero que mi reloj esté bien sincronizado. No me gustaría llegar tarde.
: : No me llamo Guillermo
Claro que esta vez pretendo que sea más que simplemente un intento fallido más. Quisiera llegar más allá. Hacer el esfuerzo completo. Pero hoy estoy en agonía. Me duelen mis bracitos y ni hablar de mi estómago. Horror. Estoy en agonía.
Esta tarde intentaré retomar los ejercicios. Debo sobreponerme al dolor. Debo repetirme hasta el cansancio que es por mi bien. No pienso tirarme a ver televisión hasta haber terminado con mi ronda de ejercicios. Eso haré. Me pondré firme y no permitiré que el “plasma” tenga el control ―jajaja… eso es broma. Mi televisor es de los viejos―, pero es verdad, no permitiré que maneje mi vida, que sea más fuerte que mis ganas de estar en forma.
Pero eso de estar en forma está mal dicho. Es una tontería inventada por quien sabe quien. Todos estamos en forma. Algunos como yo tenemos forma de tinaja, pero eso es un detalle. Pretendo hacer que eso cambie. Quien poder ver el cambio. Será completo. Rotundo. Garrafal.
En verdad vivimos todos en un mundo donde las palabras son usadas sin el menor respeto. Se dicen las cosas como si nuestro idioma fuera un chiste. Una chacota. Aquellas personas con menos años que yo lo mutilan a diario con eso de querer escribir mas rápido en sus celulares. Es terrible lo que sucede sin que nadie ponga la más mínima atención. Estamos muy desprotegidos, y lo peor es que nuestra televisión, radio, diarios y revistas han quedado en manos de inescrupulosos opinólogos y periodistas que asesinan nuestra lengua a diario. La más terrible indefensión. Lo veo y no lo creo. Los noticiarios de Miami son un error por encima del otro. Una locura tras otra. Los periódicos presentan una redacción que espanta. Nuestro lenguaje es violado a diario en nuestras narices y no hacemos nada. Yo no puedo seguir así. Por eso estoy haciendo ejercicios, porque “quiero estar en forma” de cualquier cosa menos de tinaja.
No soporto que en la piscina me digan “salta Willy, salta”, primero que nada, porque ese no es mi nombre. Si mis padres hubiesen querido que me dijeran Willy me hubiesen bautizado Guillermo. Ese no es mi nombre. No me llamo Guillermo, y ahora estoy empeñado en hacer ejercicio. Quiere ponerme en forma.
Pero la cosa no se queda ahí solamente. Iré a la marketa de shopping. Me parquearé lejos para caminar mas. No compraré sodas. Mi dieta será distinta. Haré el esfuerzo completo. Aunque me duela. Haré que la agonía sea completa. Iré la milla extra. Me pondré en forma. Trataré de que la televisión no me supere. Creo que si me pongo en forma podré estar preparado para la batalla que será cruenta. Sanguinaria. Por eso levanto pesas y hago abdominales, para estar en forma. Por eso leo, ya que así puedo tener las armas para dar la pelea también en el plano mental y de las ideas. No quiero verme sobrepasado por la transculturización que pretende hacer que olvide lo hermoso que es mi idioma y termine por aceptar todo lo que me dan con cuchara. Es verdad que mi cuerpo esta mañana se despertó en agonía. Pero eso ya pasará.
: : Poniendo cervezas frías al asunto
Hace tiempo tuve problemas con uno de mis vecinos que ocupaba mi estacionamiento como si la cosa fuera broma, dejaba su basura tirada por todos lados, hacía ruidosas fiestas a mitad de semana. En fin, un buen tipo. Un personaje sin igual. Nunca se me ocurrió invitarlo a que arregláramos nuestras diferencias con una cervecita. Que tonto fui. Tal vez ahora seríamos amigos. Inseparables. Mi hijo menor podría llevar su nombre en honor a nuestra amistad. Tantas cosas que podrían haber sido y no fueron. Como no se me ocurrió antes.
Sin ir más lejos, ayer el profesor afroamericano de Harvard y su amigo el policía blanco que le llevó arrestado se sentaron junto al Presidente a tomar cerveza. Supongo que bien frías, ya que no hay mejor forma de tomar cerveza que si está bien helada. Nada como terminar el día con una cerveza fría. Que mejor manera de terminar una disputa que bebiendo. Pero no, la cosa no se arregló. Eso de que “lo que nos unes es más fuerte que lo que nos separa" no pasó de ser más que palabras bonitas. Un cliché. La cosa sigue igual, solo que quedan menos cervezas en la nevera de la Casa Blanca.
¿A quién se le habrá ocurrido la magnífica idea de hacer esta velada? ¿Quién habrá sido el asesor que asesoró brillantemente en esto? Tarde o temprano lo sabremos. Un sagaz reportero lo descubrirá y le preguntará al consejero este ¿Qué pasó por su cabeza cuando propuso la brillante idea? Tal vez fue idea del mismo Presidente para enmendar sus culpas ante la sociedad norteamericana. ¿No habrá sido todo esto una trampa hecha al Gobernante para hacer aflorar algún tipo de resentimiento ancestral? No debemos olvidar que a diferencia de Kennedy, Obama no es un blanco católico de Massachusetts. El problema que muchas personas tienen con él no pasa solo su religión.
Lo de la cervecita en el patio de la Casa Blanca puede parecer una mala idea. Una ridiculez. Una chambonada. Sin embargo, a pesar de que no hubo acuerdos, ambas partes involucradas se dieron la mano. Tal vez tenían los dedos de su mano izquierda cruzados en la espalda, pero se dieron la mano. Un gesto. Hubo un acercamiento. Hubo algo.
Dependiendo de cómo se le mire, la “Cumbre de la Cerveza” puede haber sido un completo fracaso. Un fiasco. Un revés para esta administración. Pero puede ser que no estemos viendo el verdadero fondo del asunto. Tal vez fue un éxito. Una movida brillante. Un gran acierto. Es indiscutible que Gates y Crowley no llegaron a ningún acuerdo. Nada cambió. Eso era previsible. Sin embargo, puede ser que algo potencialmente desastroso para todos haya sido impedido. ¿Han pensado alguna vez que si el señor Presidente no hubiera hecho el poco atinado comentario de que el policía había actuado de manera “estúpida”, posiblemente la cosa hubiese sido peor? Así es. Si Obama no hubiera hecho su infortunada acotación algún reverendo de color habría saltado hiperventilado haciendo todo tipo de acusaciones de racismo. Tal vez cuadrillas de ciudadanos desilusionados por el hecho habrían salido a las calles a protestar, destruyendo propiedad privada, haciendo barricadas y desordenándolo todo. La cosa podría haber sido peor. ¿Se acuerdan de lo que pasó en California en 1992? Imagínense si Rodney King hubiera sido profesor de Harvard.
Creo que tirar temas raciales a la palestra no es una buena idea ya que es algo que, aunque nos duela, no se solucionará fácilmente. Algo que no hemos madurado como sociedad. Algo que está pendiente. Unos le tienen bronca a los otros y viceversa. ¿Qué habrá sido de mi vecino? ¿Dónde estará ahora? Ni siquiera supe cómo se llamaba. Creo que nunca cruzamos palabra alguna que no fuera para quejarme de alguno de sus desmadres. Tal vez si hubiésemos conversado la cosa podría haber sido diferente. Tal vez ahora seríamos compadres. Hay veces en que agitar las aguas no es lo mejor. No tiene sentido. Hay veces en que es mejor ponerle cervezas frías al asunto.
: : Un asunto de seguridad
Es bien sabido que desde la caída de las Torres Gemelas, los medios de comunicación del país han realizado un magnífico trabajo manteniendo a la ciudadanía en un estado de paranoia permanente. Recién el lunes pasado atraparon en Carolina del Norte a seis o siete nuevos conspiradores que planeaban sendos ataques en contra de nuestra aplaudida democracia perfecta. No los iban a hacer en nuestro territorio, pero serían en contra nuestra. Horror. Ya se me había olvidado que el peligro acecha en cualquier rincón.
Desde la nefasta fecha de la demolición de las torres del World Trade Center, la seguridad interior tomó nuevas dimensiones. Se comprobó que no estábamos tan seguros en casa como pensábamos, y la cosa no se arreglaba con una simple llamadita a ADT. Ahora todos caminamos por las calles llenos de desconfianza. Los estereotipos ya fueron definidos así que a desconfiar se ha dicho. Tipos con barbas o sin ellas, de lentes oscuros u ópticos, o sin lentes de ningún tipo, que hablan con acento raro, personas que leen libros que no sean la Biblia, blancos, afroamericanos, latinos, asiáticos, indios, árabes, etc. Todos entran en el perfil del terror.
Con todo esto en mente miré cuidadosamente, como ya les había mencionado, a todos los que abordaban mi carro. Todos eran sospechosos. Todos ocultaban algún oscuro secreto. Todos tenían miradas que los acusaban de algo. Ninguno tenía cara de inocente. En eso vi a dos muchachas que corrían desde la escalera mecánica para no quedarse abajo del tren. Una de ellas traía una maletita de estas con ruedas. Un carry on como le dicen los más siúticos, de color gris oscuro. La que viajaba con las manos vacías contuvo las puertas de cerrarse para que su amiga lograra entrar. Ya adentro y con el tren en marcha se acomodaron. Una de ellas logró encontrar asiento, la otra debió quedarse de pié. Le habría cedido el mio, pero se fue hacia el otro lado, lejos de donde yo estaba y la perdí de vista detrás de un corpulento hombre con tipo de rapero que movía los labios, cantaba con los ojos cerrados, así que no piensen que no soy un caballero, ya que no es así. Lo soy, todo un caballero. Solo que esta no fue la ocasión idónea para demostrarlo.
Siguiendo con mi relato, noté que la maleta de la muchacha que viajaba sentada tenía aún la etiqueta que le ponen las aerolíneas donde aparece el destino y el nombre del pasajero. “Idana” era el nombre. No tenía cara de turista, y miraba nerviosa a todos lados. Sospechoso me dije, muy sospechoso. ¿Sería de ella la maleta o el nombre pertenecía a otra persona? ¿Qué había en ella? ¿Explosivos o suvenires? Preguntas y más preguntas. Mientras estaba en eso, el gordito engominado de guayabera que viajaba a su lado se paró y caminó hacia la puerta con la intensión de bajarse, entonces “Idana” llamó a su amiga quien velozmente caminó a sentarse. Sospechoso, muy sospechoso. Sería el gordito engominado de guayabera parte del complot. No lo creo. Si querían confundirme no lo habían logrado.
Ahora el parcito iban sentadas juntas. Una con maleta, la otra no. ¿Turistas? Dudoso. La música de Tool sonaba con fuerza en mi cerebro. Aún no encontraba respuesta a ninguna de mis preguntas y ya se acercaba mi estación. Me tocaba el turno de descender del carro. Me puse de pié y caminé hacia la puerta. Entonces, justo antes de bajar del tren me di vuelta, la miré con mi mirada James Bond y con voz ronca le pregunte: “¿Tu nombre es Idana?”. A lo que respondió, “Si, ¿Cómo supo?”. No se necesitaron más palabras. Me di vuelta y descendí del vagón. Ahora podía descansar. Me quedó claro que la maleta era de ella.
: : La parada suprimida
El lunes pasado, cuando llegué a la estación en cuestión, me encontré con la sorpresa de que la parada había sido temporalmente suprimida. Durante la noche, la calle había sido cerrada para hacer no se qué tipo de trabajos, que por el tipo de maquinaria y el nivel de destrucción que presentaba el pavimento, parece que tomarán un buen tiempo en terminarse.
Debo decir que no es ninguna gracia que a uno le supriman el paradero sin aviso. Hay sorpresas que no importa por donde vengan, no tienen nada de agradables. Por más que uno le busque el lado positivo no lo tiene. Al menos por ahora, en vista de los no pocos inconvenientes que han provocado. Es feo ser pasado a llevar. Muy feo.
Como la molestia por el tema era mucha, trate de averiguar por aquí y por allá cual era el dichoso arreglo a ver si mejoraba mi ánimo y pasaba de mi esta copa. Pero no. La mejora no era más que un parche para tapar el pobre trabajo de los urbanistas municipales. Algo que debía haber sido hecho veinte años atrás, pero que en su momento se considero que podía esperar.
Por alguna extraña razón, las entidades que están para protegernos, para velar por nosotros, quienes regulan nuestro actuar y que nos controlan, no consideran que un buen trabajo sea motivo suficiente para ser recordados. Eso da lo mismo. Lo que en si importa es ganar lo más que se pueda, y que los amigos personales también se beneficien mientras dure el paseo. Da lo mismo, total lo que yo dejo mal hecho, otro lo parchará más adelante aplicando la misma política. Arreglar las cosas seriamente y para siempre, es un muerto que nadie quiere cargar.
La parada de buses estará clausurada por un tiempo indeterminado, no eternamente por suerte. Se supone que dentro de algunos días se volverá a abrir. Por suerte es solo temporal y no permanente, ya que en ese caso la cosa se pondría fea de verdad. Lo peor de las cosas permanentes es que no tienen vuelta atrás, no hay esperanza alguna, no hay más.
Todos llevamos dentro una pequeña ilusión también llamada esperanza. Es triste vivir sin esperanza de algo, de lo que sea. Esta expectativa de que hay algo más y mejor es la que nos mantiene en este mundo. Sin ella nuestras vidas serían vacías y planas. Siempre que nos levantamos estamos esperanzados en algo. Que el examen sea suspendido. Que me suban el sueldo. Por eso jugamos a la lotería con la ilusión de cambiar nuestras vidas llenándonos de millones, por eso es que vamos a la iglesia y nos portamos bien con la esperanza de que algún día iremos al cielo. Esa ilusión la tendremos hasta el último momento, por eso decimos que es lo último que se pierde. Por ahora tengo la esperanza de que algún día abran de nuevo la calle y el paradero vuelva a funcionar.
: : Bien por Sonia
Los comités son un mal necesario. Igual que la oposición. Debemos aprender a vivir con ellos si queremos tener una “democracia perfecta” como la que tenemos. Que sería de nosotros sin ellos. Sin la oposición la cosa sería una dictadura, pero ojo, que las dictaduras también tienen oposición, una no reconocida, pero oposición al fin de cuentas.
Bien por doña Sonia. Me alegro que la oposición no la amedrentara. Que se parara firme como toda la dama que es frente al comité este.
En todo caso me llama la atención que algunos miembros del mentada comisión se manifestaran preocupados por los “prejuicios” que la Jueza pudiera tener. ¿Prejuicios? ¿En Estados Unidos? No lo creo, debe haber algún error en el uso del término. Acá nadie tiene prejuicios. Acá vivimos libres de eso. Hipócritas. Eso es lo que son. Los primeros que muestran prejuicios son ellos ante la señora Sotomayor. Perdónenme que les diga, pero en este país y en especial en esta ciudad, además de demasiados comités y de opositores, lo que más tenemos son prejuicios.
Claro que la señora Sonia debe estar llena de prejuicios, pero el que esté libre de ellos que tire la primera piedra. Nadie. No hay quien pueda tirar el dichoso primer peñón.
Sonita es un ejemplo para motivar a nuestros hijos a esforzarse por más. Creció en un barrio pobre de Nueva York. Latina. Mujer. Que más se le puede pedir a la vida. Desde el principio tenía todas las de ganar. Por suerte no se dejó desmotivar por nadie. No escucho las voces que le decían que de nada servían sus esfuerzos. Que estudiar tanto no la llevaría a ninguna parte. La pequeña Sonia puso los prejuicios al lado y siguió en su marcha hacia el éxito.
No es casualidad que el primer Presidente afroamericano sea el que le da la oportunidad. De él también se dijo que tenía prejuicios y mil otras cosas más. Pero no se dejó amedrentar.
Hay oposición buena, pero también hay oposición mala. Destructiva. Despiadada. Irracional. Por suerte la señora Magistrada se vistió con su mejor coraza y la enfrentó con la frente en alto. Orgullosa. Brillante. Bien por Sonia. Bien por Puerto Rico. Bien por los latinos. Bien por este país.
: : El ocio en tiempos de crisis
En casos como estos, el ocio es un martirio. Dar vueltas y vueltas por el internet buscando algo en que mantenerse ocupado no es buena cosa. Terrible. Debe ser parecido a la espera del condenado por el amanecer de su último día. Un calvario. Ponerse a jugar solitario no ayuda en nada, es una pesadilla.
Pero las reuniones cuando no hay nada que hacer son aún peores, más terribles. Todos sentados alrededor de una gran mesa con caras serias. Mirando sus celulares como si el Presidente les hubiera mandado un correo electrónico importante. Un tragicómico suplicio. Todos están de acuerdo con cualquier cosa que se diga con tal de salir luego de ahí, para ir a sentarse nuevamente detrás del escritorio a hacer nada. Para seguir dando de comer a la sicosis de la inactividad. Hay que aparecer ocupado. Sea como sea, no se debe notar que uno no está en nada. Lucir serio y ocupado es la consigna. Muy serio.
La terrible sicosis del ocio en la oficina. Así es, sicosis. La sicosis de la inactividad desmedida. Esa sensación de persecución a que aumenta a medida que pasan las horas, los días y los meses. Uno se siente perseguido cada vez que alguien se asoma por la puerta de la oficina. No es bueno que a uno lo pillen en nada. El estrés producto de la falta de trabajo es peor que el estrés que produce el exceso del mismo ya que nunca se sabe cuándo llegará el jefe con ánimos de recorte. Con una de esas soluciones creativas de reducción de personal ¿Seré yo el próximo Maestro? Espero que no. Espero que no haya próximo alguno. Que nadie se quede sin trabajo. Eso es otro estrés grandote. La pena que produce cuando un compañero es despedido. La nefasta sicosis del ocio hace eso, que uno se sienta constantemente perseguido. Sé que suena terrible, pero es bien sabido que nadie tiene el trabajo garantizado. Todos somos prescindibles y absolutamente reemplazables. Es triste pero cierto. El estrés de la desocupación en la oficina no ayuda en nada a la autoestima, eso está más que claro, por el contrario, nos tira para abajo y nos estrangula contra el piso. Cuando nos entra la sicopatía ésta nos desconectamos de la realidad. Afecta nuestros pensamientos, sentimientos, percepción y conducta. Es cosa seria repito, cosa seria.
El ocio en la oficina es entretenido sólo cuando estamos haciendo tonto al jefe y nada más. Ahí sí que la navegación por el ciberespacio vale la pena y jugar solitario tiene un encanto especial. Un placer oculto. Un vicio prohibido. Un deleite. Mientras todos los demás trabajan, uno sumergido en ganarle a la maquina. Sin duda es una delicia.
Bueno, decir que no hay nada más terrible en tiempos de crisis que el ocio es una exageración. Claro que hay cosas peores y más terribles que el ocio, pero por el bien de lo que escribo no entremos en esos debates. Pero ustedes me entienden. Captan lo que quiero decir. Por ahora sigamos con este tema del recreo forzado por culpa de la mala economía, ya que gracias a que no tengo nada que hacer en este instante es que puedo darle vueltas al asunto lo suficiente como para escribir algo. Escribir en tiempos de inactividad es un buen ejercicio mental. Escribir en cualquier tiempo es un buen ejercicio mental, y leer en tiempos en que el trabajo escasea también. La lectura es altamente recomendada para mantener el Alzheimer alejado de la casa. Mantenerse sano de mente es una buena cosa. Si uno aprovecha el recreo entonces algo bueno puede sacar. Lo terrible es que si uno no tiene cuidado con esto del ocio, cuando pase el tiempo de las vacas flacas y una vez más estemos tapados de trabajo no sabremos qué hacer. Estaremos lentos y fuera de práctica. Sin ganas de producir. El ocio excesivo produce acostumbramiento. A cuidarse del enviciamiento.
Lo más temible de este tiempo de recreo excesivo es que cuando regrese el trabajo nadie va a querer hacer nada acostumbrados a los juegos. Se nos olvidará producir enviciados con las películas en Hulu o a los videos graciosos de YouTube. La crisis del mercado nos está mal acostumbrando a todos y nadie se da cuenta. El ocio es la madre de todos los vicios, dicen por ahí. Sabias palabras esas, sin duda una gran descripción.
Una buena cosa sería que los jefes hicieran un compromiso de no tomar represalias con sus pobres empleados si estos se llegan a enviciar con el ocio, ya que no ha sido culpa de ellos. Si buscamos culpables deberíamos mirar a Wall Street. Si el ocio es la madre de todos los vicios, Wall Street es el padre de la crisis. Buena pareja nos resulto ésta. Pero ya no se habla del origen del problema, y como en todas las cosas, se dio vuelta la página y nadie pagó por el desastre que se armó. Por eso no es culpa mía ni de nadie que no haya mucho que hacer. Hay que ver como logramos que la cosa se reactive, ese es otro asunto, ya que como les decía antes, el ocio se convertirá en costumbre y las farmacéuticas aun no salen con una vacuna efectiva para esta nueva pandemia que nos afecta, ya que con la última, lo único que lograron fue que se nos olvidara que los que armaron esto se fueron de vacaciones.
: : Los eternos visitantes
Cinco a cero les hicieron las vistas que jugaban como locales en Nueva York. El Tri se agrandó en el último minuto. Increíble. Tal vez si hubieran jugado con el equipo femenino sacaban un empate. Las mujeres de este país juegan mejor al fútbol. Eso les debe doler en el orgullo y en su machismo. Estados Unidos no juega de local en ninguna parte del país ni del mundo. Si van a Utah no llenarían las galerías con mormones, ya que igual estarían ahí los latinos. Gastando dólares. Porque acá nadie gasta en pesos, ni soles, ni sucres. Gastamos todos en dólares, y como gastamos. Es grande la vanidad de los gringos, bien grande. Tan grande que no los deja ver cuando lo están haciendo mal. Claro que no todos son así. Conozco varios que no lo son.
A modo de anécdota les contaré que cuando chico jugué de cuarto arquero en un equipo capitalino. Nunca jugué un partido oficial. Creo que tampoco tuve guantes propios, y nadie lo notó ya que nunca los necesité. Así que técnicamente no tengo mucha moral para opinar de fútbol ya que mis laureles peloteros no son los mejores, sin embargo, de la vanidad de los norteamericanos sí. Insisto en que no todos son así. Sin embargo, muchos de los que están en Washington sí lo son. En Hollywood también lo son, y se nota en sus películas, esas que nos venden el mundo como ellos quieren que lo veamos. Nada como idiotizar a las masas para que no se note lo malos que somos para el fútbol. Si bien es cierto no soy quien para criticar las decisiones técnicas del seleccionados nacional, si puedo criticar por lo que creo es una falta de respeto hacia el resto del mundo.
El otro día, sin ir más lejos, le explicaba a mi hijo pequeño que Estados Unidos no es América, sino que solo es parte de ella. Así como tampoco son el mundo, aunque sea eso lo que enseñan en las escuelas. América es un continente formado por muchos países. Sin embargo acá están convencidos de que no es así. Por eso es que aquí se juega la Serie Mundial, que es disputada por el campeón de una Liga con el campeón de la otra. Juegan entre ellos y la llaman mundial. Un chiste. Tienen una liga Americana donde no hay ningún otro equipo de América en ella. Otra burla.
Pero volviendo al fútbol. Lo que más les duele a los norteamericanos es que la FIFA se les avivó y no los dejan controlarla como hacen con la ONU y con la OEA y con otro montón de organizaciones llenas de siglas. Nada más que hermosos adornos. Si bien es cierto la FIFA es una organización bastante mafiosa en muchas de sus acciones, no se han dejado comprar por este país. Todavía.
Si la FIFA estuviera en Nueva York o en Washington, posiblemente las reglas del deporte serían otras. Harían que todo el mundo le llamara “soccer”. Se jugarían cuatro tiempos más cortos. Voluptuosas porristas llenas de ritmo y simpatía y Bruce Springsteen cantando en el medio tiempo (lo que en todo caso, no me molestaría para nada). Estadísticas de cuantas patadas da un jugador con el pie izquierdo y cuantas con el derecho ― dato bastante importante y enriquecedor. Se venderían tarjetas coleccionables con fotos de los jugadores. Se inventarían novedosas maneras de meternos aún más merchandising. Los expulsados serían castigados de inmediato, encerrándolos en cajas trasparentes al lado de la barra brava del otro equipo, para que durante cinco minutos fueran brutalmente increpados por su error y violencia desmedida, para luego volver al campo de juego con un “warning”. Los penales serian en una jaula cerrada en donde el arquero puede atacar al delantero con lo que encuentre a mano en orden de que no le metan un gol. Sin duda, las trasmisiones televisivas serían más entretenidas, pero el deporte nunca volvería a ser el mismo.
Cada vez que el ciego orgullo que mueve los hilos de este país se ha metido en alguna parte, nada ha vuelto a ser igual. Es como si se crearan mundos virtuales donde la vanidad de políticos, generales, petroleros, banqueros y medios de comunicación se pude ver en todas partes. Espejos de su propia realidad. Exportadores de un montón de cosas tan malas como su fútbol. Si en los Estados Unidos se preocuparan de solucionar los problemas que hay acá, posiblemente todo sería mejor. Predicar con el ejemplo y no querer que otros hagan lo que acá no se hace. Es cierto que hay muchas cosas que están mal en el mundo, pero también es cierto que hay muchas cosas que están mal aquí. Una de ellas es la selección, que jugó de visita en Nueva York. Sin embargo, por cómo se han dado las cosas, igual van a llegar al mundial. Un chiste.