: : Se equivocó la gitana

No me gusta la lluvia. Supongo que en alguna parte de mi cabeza debe haber algún doloroso recuerdo bloqueado que tiene algo que ver con ella. Tal vez pasó algo terrible y casualmente ese día llovía. Quien sabe. En una de esas no me ha pasado nada y simplemente no me gusta porque sí. Si hiciera una lista de las cosas que no me agradan no podrían quedar fuera los circos y en especial los payasos. Tampoco pueden quedar fuera las gitanas.

No me gustan la lluvia, los payasos ni las gitanas. Una vez una gitana me tomó la mano y no me la quería soltar. Me dijo que si no le daba una moneda tendría mala suerte. La maldición de las gitanas a las que tanto le temen los borrachitos del mercado. La cosa es que no le dí la moneda, recuperé mi mano y me fui volando. Ella me gritó algo que no recuerdo. No creo siquiera haberlo oído. No miré para atrás. Simplemente me fui. Desde entonces, cada vez que veo una gitana o un payaso les hago el quite. Con la lluvia trato de estar preparado cargando en todo momento con un paraguas en la mochila.

A la salida del trabajo me pilló un aguacero de esos que dan miedo. El cielo se iluminaba, Truenos, relámpagos y mucho viento. Cosa rara, andaba sin mi paraguas negro. Lo había dejado en el balcón de mi casa. La noche anterior se lo había prestado a mi hijo y no lo puse de vuelta en mi mochila. Horror. Mala cabeza la mía. Como se fue a olvidar.

El cielo se veía gris. Una sola nube se había parado sobre la ciudad. Más o menos media hora me quedé parado debajo de un cobertizo mientras la lluvia caía sin dar tregua. No era el único descuidado a quien la lluvia había pillado a mitad de camino para cualquier parte. A mi lado había tres mujeres, un anciano con pantalón corto, un hombre joven con cara de contador, otro con cara de alcahuete y un guardia de seguridad. Todos capeaban la tormenta hablando por celular. Esperé pacientemente a ver si la lluvia paraba pero no. No paró ni un segundo, por el contrario, empeoró.

Desde donde estaba refugiado se veía la estación del tren. Uno tras otro se iban los trenes con dirección hacia mi casa. Al final y como era de esperarse no aguanté más y me lance a caminar rápidamente hacia la estación. Fue como saltar a una piscina. Llegué hecho sopa a la estación, pero llegué. A poco de esperar pasó el tren y partí camino a casa. En el vagón saque mi libreta y comencé a escribir.

Generalmente somos tan egocéntricos que pensamos que sólo a nosotros nos pasan las cosas buenas o malas. Hoy mientras esperaba que pasara el diluvio me di cuenta que no es así. Éramos varias personas las que estábamos bajo el mismo cobertizo. Todos esperábamos lo mismo.

Creo que la maldición de la gitana nunca surgió efecto. No dio resultado. Falló. Me di cuenta que a pesar de que no todas las cosas sean como quiero, mi suerte nunca ha sido mala. De una forma u otra siempre he logrado hacer todo lo que me he propuesto y a pesar de que en más de una ocasión ha parecido que toqué fondo, al final no ha sido así. Cuando era chico había un aviso en la radio que decía que cuando llueve todos se mojan, menos lo que usan impermeables marca Búfalo. Tal vez lleve un impermeable por dentro. Quien sabe.

No entiendo cual será mi cuento con la lluvia ni con los payasos pero creo que lo de la gitana lo superé. Cuando llegué a mi casa ya no llovía.

: : Con la nube en la cabeza

El otro día me pasó algo muy extraño. Por la mañana, después de la ducha me estaba vistiendo para ir al trabajo. Nada raro hasta ahí. Prendí el televisor y lo puse en el canal 23, ya que ahí dan las noticias locales desde temprano. Me gusta estar al día de lo que pasa. No me gustan las sorpresas. Rara vez pongo atención al pronóstico del tiempo, pero esa mañana si. Una rubia pechugona estaba dando el reporte. Dijo que el día estaría despejado, pero que se esperaban chubascos ocasionales en distintas partes de la ciudad. Rezagos de una tormenta tropical que había pasado por el Golfo de México. Chubascos aislados dijo, lo recuerdo claramente. Dispersos por distintas partes de la ciudad.

Salí de mi casa y estaba lloviendo. Llovía fuertemente. Con rabia. Sonaban los truenos encima de mi cabeza como explosiones de cuatro de julio. Me puse los audífonos de mi reproductor mp3, imitación IPod. Saqué mi paraguas y caminé hasta la parada del bus. En el paradero ya se había juntado un buen poco de agua en el piso. Así pasa siempre por todos lados de la ciudad. Cae un poco de agua y la ciudad se sumerge. Terrible, en verdad terrible. Pero qué le vamos a hacer.

Cuando llegamos a la estación del tren no llovía. Me bajé deseándole un buen día al chofer y entré a la estación. Cuando llegué a la plataforma superior donde se toma el tren veo que la nube de lluvia nos había alcanzado. Comenzó de nuevo el aguacero. De vuelta a la tempestad. Truenos y relámpagos. Agua, viento y más agua por doquier. A esa altura y aunque estábamos bajo techo nos empezamos a mojar todos gracias al viento. De nada servían los paraguas. Entonces llegó el tren. Subimos y ya. El chaparrón se quedó afuera. En la mitad del camino la lluvia ya había cesado. El cielo se veía despejado hacia adelante. El tren le había ganado a la nube acosadora. Pero la distancia que le sacó no fue mucha, ya que cuando llegamos a la estación rápidamente noté que ya todos preparaban sus paraguas. Sin más ni más saqué el mío y caminé a la oficina.

El día pasó como de costumbre, cortaditos a diestra y siniestra. Hablamos de fútbol y de la vida de Michael Jackson y su extraña muerte como hombre blanco. Todos temas muy interesantes y necesarios para el crecimiento personal.

Salí tarde. Ya la noche se había cernido sobre la ciudad y los reflejos de los faroles brillaban sobre la calle mojada. Si. Estaba lloviendo. La nube loca me había esperado todo el día. Estoy seguro que no era la misma nube, sin embargo ya a esa hora me sentí perseguido. Acosado. Los chubascos aislados habían decidido seguirme. De mi casa al trabajo y en la vuelta. Una locura. Parecía que al único que le había llovido ese día era a mí. De vuelta a casa fue lo mismo de la mañana. Las pocas lluvias aisladas cayendo abundantemente sobre mí. Escoltándome en mí regreso al hogar. Un complot. La nube había decidido estar conmigo ese día. Me había escogido. Yo era el elegido.

Por ahí hay quienes asocian una nube en la cabeza como mala suerte. Mi mamá hablaba de las lluvias de bendiciones. En este caso probablemente nunca logre entender el significado de lo ocurrido. Puede no haber sido nada más que una extraña coincidencia. La rubia pechugona del tiempo se equivocó y no fueron lluvias aisladas sino que simplemente fue mucha lluvia por todos lados. No sería la primera ni la última vez que se equivocan. En fin.

Ya en casa, no dije nada sobre la lluvia acosadora ni mis conclusiones al respecto. No lo comenté con nadie. Guardé silencio. Me lo dejé para mí. No es grato sentirse perseguido ni siquiera por una nube. En tiempos como los que estamos viviendo es peor. Es una sensación molesta. Desagradable. Las persecuciones son de otros tiempos. Ahora vivimos en la era de las comunicaciones. Del internet. De la inmediatez. Si alguien conoce a la nube esta, por favor díganle que me deje en paz.

: : Mundo de locos

Esta mañana me desperté a la misma hora de siempre. Cuando sonó el despertador yo ya llevaba buen rato despierto. El reloj biológico que no perdona. El fin de semana no me dio tiempo a descansar. Fue entretenido y distinto a otros. Una fiesta por aquí, un asadito por allá y el sueño del pibe que al final no quedó en nada. Una maravilla. Claro que no todo fue cama de rosas. El auto murió. Dejó de existir. No dio para más. Mi señora lo estacionó y por todos lados del motor botaba un líquido que no se podía decir con claridad de donde salía, ya que en verdad parece que salía de todos lados y sonaba como cuando se fríen chicharrones. Que dolor.

Ahora veremos que se hace para remplazarlo. No podemos estar sin auto en Miami. Esta es la ciudad menos amigable para los peatones. El sistema completo fue diseñado para hacerte sentir miserable sin auto. Ya veremos que se hace. Les aviso desde ya que se aceptan donaciones.

Salí de mi casa al bus como todas la mañana más temprano que de costumbre. No había bus en el paradero. Como si fuera una película de Polanski apareció un camión basurero que se estacionó al lado del paradero. Dos hombres desocuparon los recipientes que estaban llenos. Basura por todos lados. Una belleza para lunes en la mañana. La fragancia era intensa. La cosa es que al final llegué tarde a la oficina y ya no quedaba café en el lobby. Perfecto. Todo bien. La mañana comenzaba amenazante. Es increíble como uno se va sugestionando a partir de pequeñas cositas que en circunstancias normales uno no tomaría en cuenta. Así es la vida.

Cada día que pasa me doy cuenta de mejor manera lo loco que esta el mundo en que vivimos. A pesar de que uno trata de poner paños fríos a todo lo que ve por ahí o por allá es imposible. Como puede ser posible que durante dieciocho años hayan tenido a una jovencita viviendo en un cuartucho, escondida del mundo, dando a luz a dos pequeñitas. Increíble. La policía fue a la casa del pastelito por las quejas de los vecinos y no notaron nada extraño. Nunca pasaron de la puerta. Me acuerdo que cuando apareció el loco de Austria que tuvo a su hija encerrada en un bunker dando a luz a sus hijos/nietos pensé que era increíble. Después de eso pensé que era lo peor. Pero siempre aparece algo que me sorprende aún más. Ahora me entero de que Jacko fue asesinado. Involuntariamente, pero asesinado al fin y al cabo. Horror. Y aún no lo han enterrado. Pobrecito. La familia que le tocó no era de lo mejorcito.

Vivimos en un mundo de locos. Créanme lo que les digo. Si uno analiza las cosas que pasan por todos lados se queda helado. La realidad sobrepasando con creces a la ficción. El entorno no ayuda para nada. Todo influye a que uno ande estresado. Ansioso. Inseguro. Los jefes abusan de eso. Creen que se logra más productividad manteniendo a todos asustados. Triste. Es lo mismo que hacen los gobiernos con eso de la seguridad. Nos mantienen al borde del colapso. Esa es la idea. Todo está diseñado para que vivamos en la cornisa. Deben creer por ahí que somos como las palomas.

Lo que es yo, en general trato de mantener una actitud positiva ante todo. Creo en el karma. Uno recibe lo que da. Creo que el que hace las cosas bien al final recibe bien. Por ahí decía mi madre que a nadie le falta Dios. A mí nunca me ha faltado. No me puedo quejar. Puede que no sea su regalón pero eso da lo mismo. Volviendo a lo del trabajo. Creo que si quiero llegar a la hora a la oficina, deberé acampar al lado de la puerta del ascensor. Mi señora me entenderá.

: : El viernes nuestro de cada semana

Me pueden decir lo que quieran, sin embargo para mi no hay mejor día que el viernes. Un día mágico. Especial. Duro pero entretenido. Si, ya que al final de las ocho horas de trabajo el fin de semana se inaugura oficialmente.

Por más que uno necesite el dinero, no hay nada peor que trabajar un sábado o un domingo. Un martirio. Especialmente cuando el día esta hermoso. Con un sol resplandeciente. La bahía se ilumina. Una delicia y uno aquí encerrado. Todo el mundo está haciendo algo más entretenido que uno. Hasta descansar tirado en la cama es más entretenido que estar en la oficina un fin de semana. A veces sólo con eso basta.

No vayan a creer que no me gusta lo que hago. Me encanta mi trabajo. Pero estoy convencido de que podría ser mejor. Siempre puede ser mejor. Pero no me quejo. Al menos tengo algo. Lo que pasa es que uno nunca debería estar conforme con las cosas. Siempre hay que querer más. Un poco de ambición siempre está bien. Hay que querer más. Tener hambre de más decía un amigo.

El viernes es especial por muchas razones. Se puede sentir el optimismo en el ambiente. Todos lo sienten. La gente sonríe con mayor facilidad. El fin de semana esta a las puertas. Se le puede ver venir. Pero como cualquier viernes que se precie de ser, lo más probable es que no sea fácil. Nunca lo son. Es su karma. Es el día en que por lo general todo llega a última hora y a toda costa debe salir el mismo día. Es el día en que todos están apurados por irse al happy hour. Es el día en que algo importante desparece misteriosamente y no es culpa de nadie. Es un día estresante pero lleno de vida.

Todos los días producen una sensación especial en las personas. En el elevador nunca falta la persona que dice “hoy me siento como lunes” o “martes”. El miércoles es un día neutro. Hay quienes lo toman mal y otros lo toman bien. A mí no me molestan para nada. Habitualmente los tomo bien. Es un día que pasa suave como un buen licor. Los jueves son pesados, especialmente si uno lo corona con una reunión con sabor a nada y llega el viernes. Sorprendente. Especial. Místico y desordenado. Los sábados son insípidos como una pechuga de pollo. Los domingos son aburridos.

Como todos los viernes salimos un grupo a almorzar. Como siempre fue genial. Lo pasamos bien. De eso se tratan los viernes, de ser feliz. De esta manera es como se pasan las semanas y los días se van perdiendo en el recuerdo. Se evaporan. Desaparecen. Por eso es que el tiempo debe ser aprovechado ya que pasa rápido y no vuelve. Soy un enamorado de los viernes, del internet y de un montón de cosas más. Soy un romántico viajero. Rebelde y revoltoso, y no lo cambiaría por nada. He dicho.

: : No todo es estéreo

Internet, internet. Mi amado tormento. No sé qué sería de nosotros sin el internet. Esta vitrina virtual donde podemos opinar libremente. El único problema son los servicios secretos. Se enteran de todo lo que hacemos y en que pensamos a cada momento del día. Pero es un simple detalle sin importancia. La cantidad de información que nos llega a diario es una maravilla. Noticias, rarezas, información, entretención. Mucha entretención. Que Chávez se lo pasa armando peleas en el continente. Que las relaciones entre Chile, Perú y Bolivia están en las cuerdas. Que Zelaya se lo pasa haciendo asados en la frontera con su gorro de vaquero. Que se muere y que no se muere Fidel. Que Juanes no sale de su casa por temor a los locos. Primero se nos fueron Michael y Farrah y ahora Ted Kennedy. Demasiada información dando vueltas por todos lados. Cien años atrás la cosa era diferente. Las noticias se demoraban un montón en cruzar de un lado a otro. La comunicación era escasa. Ahora, todo es como los microondas. Apretamos un botón y ya. Al minuto todo está calentito. Listo para comer. Una delicia.

Me reconozco un enamorado del internet y estoy seguro que no formo parte de la minoría. Este fenómeno nos ha hecho replantearnos muchas cosas. Se abrieron ventanas de oportunidades maravillosas. Algo asombroso. Si no tuviera este medio posiblemente estaría condenado a guardarme mis opiniones sin derecho a nada. Así es, ya que vivo en una ciudad que no presenta demasiadas alternativas de opinión. Es una ciudad mono. No por lo de las bananas, sino por lo de las ideas. Aquí hay una sola forma de pensar aceptada y nada más. Es cosa de ver los noticieros o leer el periódico que tenemos. No hay mucha carne para sacar a este hueso.

La empresa en la que trabajo también es mono. No hay forma de retroalimentación. Da lo mismo que todos se den cuenta que el barco se va hacia las rocas. No importa que todos griten. Da igual. Las opiniones divergentes no son oídas. Se nos cita para reuniones a informarnos de cosas sin sentido. Ofrecen la palabra y cuando alguien va a hablar, dan la reunión por finalizada. Que ciudad ésta. Que oficina la mía. Todo en mono, nada en estéreo.

Pero eso fue ayer. Hoy es hoy. Otra reunión ha sido programada pero esta vez están invitados todos los que participan en las distintas etapas del colosal proyecto que nos quita el sueño y que me tiene llegando a casa cuando mis hijos están durmiendo. Por supuesto que no se nos dará la alegre noticia de que descubrieron la razón del problema y que será derivada a la oficina en Siberia. No porque no tengamos oficina en Siberia, sino porque es tan obvio que no lo podrán ver. El sueño de que dejemos de tener un sistema mono no es más que eso, un sueño.

Como si fuera poco, como entraron nuevamente los niños a clases el tráfico se ha puesto insoportable. Ahora me toca salir media hora antes de la casa y aun así estoy llegando al filo de la hora a la oficina. Horror. Sucede que antes por lo menos se sabía a qué hora salían los buses desde el paradero. Ya no. Eso se acabo. Uno llega a la esquina y no hay bus. Terrible. Pero qué se le va a hacer. Hay que seguir adelante no más ya que no nos pagan por llorar. Lo importante es que ya estoy aquí. Listo para la reunión. Preparado para cualquier cosa. Eso creo. Espero no equivocarme, miren que en ocasiones anteriores me he equivocado y reconozco que no es nada agradable. Por suerte tenemos el internet. No sé qué sería de nosotros sin él.

: : De ayer y de hoy

Primero es lo primero. Discúlpenme por no haber escrito nada ayer. No fue por falta de cariño sino que por falta de tiempo. Me imagino que más de alguien habrá pensado que ya no escribiría más. Que mi inspiración se había acabado. Puede que hasta se hayan alegrado. Pero no. Lamento comunicarles que simplemente no tuve tiempo. Que día el de ayer. Memorable. Una delicia. Doce horas sin parar. Como salí tarde de la oficina, me tocó esperar el bus más de una hora. Después de las siete de la tarde el sistema de transporte público es vergonzoso. En verdad siempre es una vergüenza, lo que sucede es que después de las siete es peor, y créanme que no es una exageración.

Como decía, salí tarde de la oficina y en todo el día no tuve tiempo para nada. Apenas almorcé, y eso que ese tiempo es sagrado. Pusimos un cartel pegado en la puerta que decía "no molestar", de más está decir que como de costumbre causó el efecto contrario. Suele suceder así con los letreros. Nadie los respeta.

El proyecto que me asignaron era en sí complicado, y para mejor pusieron a su cargo a la persona menos apta para él. Continuamente ocurre así por estos lados. Pareciera ser que para surgir en la vida sólo basta con una mala actitud y poco sentido común, eso, más la cercanía con los jefes es insuperable. Esa es la receta perfecta. La persona de la que les hablo tiene pocos amigos en la oficina y muchos sobrenombres. Todos le hemos puesto al menos uno. Algunos simpáticos, otros menos. Hay quienes dicen que cuando sale de cualquier habitación deja un hedor a azufre, pero no creo que sea así, es sólo su horroroso perfume barato. Lo importante es que a pesar de esta persona el proyecto se terminó y se logró entregar. Un final feliz.

Pero eso ya pasó y estamos a martes. Es difícil no mirar con ojo crítico todo lo que sucede a nuestro alrededor. Siempre quedo con la idea de que todo está patas para arriba y que a pesar de que todos se dan cuenta, nadie hace nada. Sin ir más lejos, hoy en las noticias se hablaba de los aumentos de sueldos a algunos empleados cercanos al alcalde. Una vergüenza. Según su secretaria se debe a que todos están sobrecalificados para sus cargos y deben ganar más. Ojalá que alguien le explicara eso a mi jefe. Tal vez molestaría menos. De vez en cuando es agradable recibir un reconocimiento. No una de esas plaquitas de "empleado del mes" sino un aumento. Soñar no cuesta nada. Claro que volviendo al tema del alcalde. Subir los sueldos a sólo un grupito cercano a él cuando por todos lados se están haciendo recortes a los presupuestos y aumentando los impuestos no me suena para nada bien. Como les decía, las cosas están al revés.

Esta mañana llegué al paradero y el bus no estaba. Me tocó esperar un buen rato. Como les mencioné antes el sistema de transporte público es una vergüenza, así que no lo haré de nuevo. No hay para qué. Este es el mundo en que nos ha tocado vivir. Un lugar donde todo está patas para arriba. Donde uno trabaja y trabaja para nunca terminar de pagar. Ya pronto, tampoco respirar será gratis. Miento. Cuando llego a la oficina la administración del edificio pone una cafetera. Fui el último en tomar café esta mañana. Quedaba un solo vaso. Hoy llegué tarde.

: : La radio por la mañana

Esta mañana el viaje en el tren fue raro. Venía muy poca gente. Ya en el downtown fue peor, menos gente. Me sentí raro. Todos de vacaciones menos yo. El lunes regresan los niños a clases. De más que muchos aprovecharon este último fin de semana con sus retoños. Yo debería haber hecho lo mismo, pero por alguna extraña razón no se me pasó por la cabeza. Nada. Cero ideas recreativas. Tengo como dos semanas acumuladas de vacaciones pero no hay dinero. Las vacaciones pueden esperar.

Ya en la oficina me puse a escuchar la radio. El show de Kevin y Bean. Muy simpáticos ellos. Me alegran la mañana. Ayudan a que pase de manera más placentera. Me pongo los fonos y ya. Me informo y entretengo al tiempo en que escribo mis cuentos en el computador. Una de las maravillas del internet. El día que mi computador me prepare café y tostadas será todo perfecto. Trabajar será un placer aún mayor.

Hoy en la radio entrevistaron a un siquiatra inglés. Director de una clínica de rehabilitación. Un tipo muy aburrido. Tenía un tono de voz desagradable y el acento completaba el martirio. Sin embargo la entrevista fue muy buena. El tema estuvo interesante y bien enfocado. Hablaron sobre World of Warcraft, uno de los juegos de rol más adictivos que tenemos en el internet. Por ahí dijeron que era más adictivo que el crac. Puede que esa haya sido una exageración para poner más dramatismo al tema. Pero es verdad. Hay juegos online que son malos. Adictivos. Juegos que hacen que los jugadores pierdan el balance y control en sus vidas. El problema es serio. Hay quienes dejan hasta de comer por jugar. Terrible. El proceso adictivo se produce en la mayoría de los casos delante de las miradas vacías de los padres. Si, ya que según decía el aburrido entrevistado, la gran mayoría de estos nuevos adictos son menores de edad. Una lástima.

Es difícil entender a los adictos a algo a menos que uno sea un adicto rehabilitado. No es fácil. Las adicciones son cosa seria. No dejan que las personas funcionen. Las aíslan en un vacío tortuoso. En todo caso, muchas personas que son arrastradas por una adicción ya vivían en un vacío y eso mismo los llevó a lo otro. Un círculo vicioso. Un cuento de nunca acabar. El tema de la entrevista estaba entretenido y todo iba bien, hasta que uno de los entrevistadores comenzó a imitar el acento del entrevistado y parece que eso no le cayó muy bien y finalmente cortó. Llegaron los comerciales.

Dejándose de cosas puede ser que la radio sea adictiva. Sin embargo, muchos programas radiales son malísimos. Chabacanos. Burdos. Espejos de una sociedad que se aleja de las buenas costumbres a pasos agigantados. La televisión anda por ahí no más. La cosa es hacer dinero. Hay quienes hacen mucho dinero alimentando a las masas con vulgaridad y locuras. Después me da risa cuando en las noticias entregan las cifras de alumnos que desertan de las escuelas. La educación es algo que va de mal en peor.

Ahora el show de la radio empezó a hablar de las películas que se estrenan este fin de semana. Hace tiempo que no voy al cine. Con esto de los DVD y On Demand ya no me llama mucho la atención. Más de lo mismo. Se nos viene una de Tarantino. Un maestro. Quien no pudo resistir más y sucumbió a la necesidad de hacer una película bélica con Brad Pitt. Ya Tom Cruise había hecho una muy mala. Es oficial. Las películas sobre la Segunda Guerra Mundial están de vuelta. El romanticismo de las guerras de antaño. Mucho más entretenidas que las de ahora. Había que ser más creativo para ganarlas. Claro que al final todo no es más que propaganda. Adoctrinamiento subliminal. Para eso están las películas. Al menos en este país es así. Por eso es que en esta ciudad no es fácil ir a ver películas de Cine Arte. En Nueva York sí. El problema de allá son los inviernos. Creo que fue por eso que me fui de allá. No, la verdad es que me fui por dinero. El dinero fue más fuerte que el frio del invierno.

Ahora el tema es Michael Jackson. No puedo más. Sus hermanos van a hacer un reality. No fue suficiente con los Osbourne o Gene Simmons. Lo más probable es que no lo vea. Sin embargo la sola idea ya me complica. Claro que ahora la cosa sí que se pone fea. Primero Juanes. Ahora Arjona anuncia que también cantará en Cuba. Espanto. Mi calurosa y sufrida ciudad colapsará. De ídolo pasará a persona non grata. Me pregunto si podrá dormir. Eso es lo bueno de escuchar radio. Uno se entera de todo. Lamentablemente el show de Kevin y Bean terminó. Debe estar cerca la hora de almuerzo.

: : La rama chiflada

Una rama cayó sobre un cable de electricidad y doscientas cuarenta y una familias amanecieron sin luz. Terrible. Por supuesto que mi familia fue una de ellas. Todo en la casa es eléctrico así que no hubo café. No hubo tostadas. La ducha estaba fría. El aire acondicionado no funcionaba. Horror. Qué manera de comenzar el día. La compañía de electricidad me llamó para informarme que no saben cuándo será solucionado el problema. Típico. Ellos siempre hacen lo que quieren. Sólo nos queda esperar.

Me pregunto a quién le corresponderá el control de las ramas de la ciudad. No es posible que una rama anarquista ande suelta. A la hoguera con ella. Conviértanla en mueble o en algo útil para la sociedad. Que se han imaginado estas ramas revolucionarias. Venir a dejar a tantas familias sin luz. Increíble. Que desfachatez. Que falta de respeto. Pago religiosamente mis impuestos, reciclo y no boto basura en la calle. Me considero un ciudadano modelo. El acto perturbado de esta rama no tiene perdón.

Increíble lo que una sola rama desquiciada puede conseguir. Algo así como la manzana podrida del barril que termina por descomponer a todas las otras. El efecto dominó. Espero que no le den mucha cobertura en las noticias locales a esta rama loca. Con eso sólo se logra estimular a otras ramas desequilibradas para imitar el errático y antisocial comportamiento.

Al final, la culpa de todo es siempre de los medios de comunicación. Del cuarto poder. De algunos periodistas que sirven a las ocultas agendas de grupos de poder. Eso es lo que pasa. Así es como son las cosas. Solamente se necesita una rama desadaptada y de la cobertura mediática adecuada para que otras ramas anarquistas salgan de sus guaridas a derribar cables eléctricos como locas.

Increíble lo eterno que es el viaje desde la casa al trabajo sin una tacita de café con leche dentro. Terrible. Una tortura. La rama chiflada debe pagar por su canallesco acto. Quiero pararme frente a ella y decirle todo lo que se me venga a la cabeza. Insultarla por su acto desmedido y descontrolado. Quisiera desquitarme metiéndola en una de esas máquinas que las hacen astillas. Lentamente. Pero no. La verdad es que si me ponen delante de la rama en cuestión probablemente sentiré pena por ella. Dudo que esté feliz lejos de su árbol. Pagará por su acto sin necesidad de que yo mueva un dedo. Estar lejos de su árbol le pasará la cuenta. La pobre rama morirá lentamente.

De todas maneras pienso que alguien debería poner más atención a estas ramas que se caen de sus árboles. Las hay por todas partes. Esperando el momento preciso para caer. No deberían las ramas estar cerca de los cables eléctricos. No deberían existir los monopolios energéticos. Tantas cosas que deberían cambiar se me vienen a la cabeza en estos momentos. Debe ser porque no me tomé mi café con tostadas en la mañana. Debe ser porque hoy es jueves. Los jueves son como los lunes o los martes. Los miércoles son distintos no sé porque. Hay algo en los miércoles que los hace especial. El mejor día es el viernes. Mañana es viernes. Que pague la rama loca por su acto criminal. Quiero café con leche. Increíble cómo me tiene esa rama demente, al borde de un colapso. Pero finalmente la mañana me sonríe. Una preocupación menos. Me acaban de avisar que en mi casa ya volvió la luz.

: : La camisa rayada

Ayer no había mucho que hacer en la oficina así que a las cinco y media en punto dije adiós y salí raudo hacia la estación de tren. El calor y la humedad del verano son brutales. Uno sale de la agradable atmosfera frescamente acondicionada para chocar de frente con un muro sofocante. Iba cruzando la calle a mas o menos una cuadra de la estación y escuché la sirena de una ambulancia que se estacionaba frente a la estación. Nada fuera de lo común. Habitualmente las ambulancias son ruidosas.

Cuando llegué a la estación vi la ambulancia estacionada y a tres paramédicos empujando una camilla por la escalera mecánica. Una llevaba un maletín grandote. Debe haber sido la que mandaba. Nadie se interesaba en la situación. Generalmente nadie se preocupa de lo que sucede al lado de ellos así que los mirones son pocos. He notado que en general nos vamos poniendo insensibles ante la desgracia y el dolor ajenos. Detrás de los paramédicos iba una tipo que gritaba en otro idioma que nadie entendía. Podría haber sido del medio oriente o de sus cercanías. Chillaba y manoteaba como loco. Llevaba puesta una camisa rayada como de seda en tonos café oscuro y oro. Fea la camisa, realmente fea.

Cuando los paramédicos llegaron al lobby de la estación iban muy agitados, por el calor, la humedad y la presión del momento. Nadie se inmutaba a su alrededor. Ni una persona se acercó a abrirles la puerta. Yo venía subiendo las escaleras detrás de ellos. Observando de lejos. Impresionado por lo feo de la camisa del hombre que gritaba y al que nadie parecía tomar en cuenta. Un loco más cerca de la estación. Nada fuera de lo común. Los paramédicos empezaron a preguntar dónde estaba el accidentado. Nadie sabía nada. Se acercaron a los guardias de la estación que acosaban como de costumbre a una dama con poca ropa. Ellos no tenían idea de lo que se les preguntaban. Típico en todo caso. Luego preguntaron a la señora del quiosco, pero ella preocupada de su clientela nunca pone atención a nada de lo que pasa por ahí. Uno de los paramédicos se dio vuelta y me miró, pero por mi gesto se dio cuenta rápidamente que yo tampoco les sería de ayuda. Entonces, la mujer del trío que cargaba el maletín miró al hombre de la camisa fea. Le pregunto si hablaba inglés. El hombre no respondió. Luego volvió a hacer gestos para que lo siguieran. La mujer le seguía haciendo preguntas. A esa altura era obvio que el único que sabía algo de algún necesitado de servicios médicos era el hombre de la camisa rayada, sin embargo los paramédicos no se movían. Se empezaron a quejar del porqué el hombre no hablaba inglés. Se quejaban en español.

No sé que habrá pasado entonces. Ya que entre al andén y subí por la segunda escalera mecánica. Desde lejos seguía mirando la situación y nadie se movía del lobby. El sentido común me hace pensar que lo que el hombre de la antiestética camisa queria que lo siguieran. Me sorprende que después de todos los gestos que hacía nadie se diera cuenta de que quería decir algo. Increíble. En todo el espectáculo se deben haber perdido con facilidad unos diez minutos. Una eternidad para la persona que esperaba por atención. Creo que el problema no fue el idioma sino la camisa.

: : Con sabor a martes

El aire acondicionado de mi casa parece que quiere decir adiós. Anoche molestó demasiado. Mi señora lo apagaba y lo prendía a ver si se le pasaba la tontera, pero nada. Habrá que llamar a un técnico. La cosa es que dormimos poco. Amanecimos con la carga de energía solo media. Horror de horrores. Los martes generalmente tienen por lo menos ocho horas de trabajo. Quien lo diría. Tendré que ver como hago que las fuerzas me duren hasta la hora de salida.

Hay dos cosas que disfruto mucho. Leer periódicos de todos lados y escuchar radio. Me gusta estar escuchando música a toda hora, y en las mañanas disfruto escuchando programas donde conversan de todo y de todos. Me rio mucho. Cuando me bajé del bus en la estación del tren, había un gordito regalando periódicos a manera de promoción. Muy simpático él. Considerando que el precio se veía razonable acepté uno y me subí al tren a leer. No fue fácil, recuerden que dormí poco y el sueño no perdona. Antes de que se me olvide, les contaré que ya abrieron mi calle y todo volvió a la normalidad.

En las páginas interiores del matutino obsequiado venía un artículo que hablaba de esta niña que conozco. Un angelito que disfruta disparando a manadas de lobos desde un helicóptero. No me refiero a la banda que interpreta “La Bamba”, sino que a lobos de verdad. Genial. Nada como un poco de sana entretención. Dicen por ahí que desde su casa se puede ver Rusia con claridad. Increíble. La niña en cuestión tenía un trabajo asegurado por lo menos por un año y medio más, pero siguió el consejo de no sé quién y renunció antes de tiempo. El artículo indicaba que en una encuesta, sus amigos más cercanos habían dicho que fue mala idea. Quien lo diría. Tan inteligente que se veía ella. Pero todos cometemos errores. Si alguien hiciera alguna encuesta sobre algunas decisiones que yo he tomado, posiblemente también me dirían lo mismo. A veces es un buen consejo pensar las cosas un poco con un poco más de calma.

Ya en la oficina, sintonicé en mi computador una emisora de Los Ángeles, California. Hoy en el show de la mañana entrevistaron a Tarantino. Un maestro. Un tipo brillante. Debe ser genial tomarse unas cervecitas con este director. El tráfico en la ciudad de las estrellas es terrible, especialmente hoy ya que desde una construcción al lado del freeway habían volado unos tablones. Tremendo susto debe haber sido ese. Claro que con o sin tablones el tráfico es un tremendo problema por esos lados.

En la página web de CNN hablaban del caso del tipo que se paseó por una protesta en contra de Obama cargando un rifle de asalto. Los policías no le hicieron nada ya que ninguna ley se había roto. Increíble. Vivimos en constante terror de ataques terroristas y se puede caminar cerca del presidente con un rifle al hombro y está bien. En que irán a pensar ahora. Voy a cambiar mi Cherokee por un tanque Leopard. Por si acaso me cae un tablón en la carretera. Más vale prevenir que lamentar.

Me acaban de avisar que ya llegó un amigo para ver qué le pasa al aire acondicionado. Excelente, posiblemente esta noche podamos dormir mejor. Ya terminé el escrito de hoy, ahora sólo me queda ver como hago para dormir una siesta sin que nadie se de cuenta.

: : Nunca es suficiente

Por eso es que no tengo plata ahorrada. Me la gasto toda en cuanto llega. Por ejemplo, el mes de julio gane setenta y cinco centavos con esto de los anuncios de Google, y tal y como habían prometido me los depositaron directamente en mi cuenta. Una belleza. La tecnología respondiendo responsablemente. Quedé impresionado. Claro que de las utilidades ya no queda nada. Nos lo gastamos de un viaje. Con mi señora nos fuimos de juerga. Una descomunal celebración. Ahora los centavos ya no están. Se fueron. Los gastamos de manera irresponsable. Si sigo con esa política nunca lograré mi meta de ser un millonario más del internet. Debo cambiar mis hábitos de consumo.

: : Los rompe discos

Unas diez personas enardecidas por un feroz agravio salieron a una conocida calle de la ciudad. El día era soleado. Toda esa semana fue igual menos el sábado que llovió por la mañana. El clima es raro durante el verano en la zona de las bananas. Llueve, no llueve. Cosa seria. Volviendo a lo mío. Los diez furibundos protestantes, como era de esperarse protestaban. Rompían discos de vinilo a martillazo limpio. La protesta era sanguinaria. Los martillos eran de buena calidad.

Por supuesto que estos diez hiperventilados rompedores de discos detuvieron el tránsito. Dos o tres bocinazos de conductores que se adherían a su crítica pública se podían escuchar si uno ponía atención. Como era de esperarse, todos los medios de la ciudad fueron a reportear. El par de cámaras anunciaban a viva voz la descontrolada situación. El mundo entero se debía enterar. Todos deben saber que estas diez personas no estaban contentas. Sus orgullos habían sido golpeados fuertemente. Habían sido pasados a llevar. Un concierto se efectuaría sin su consentimiento. Horror. Que insolencia.

Al otro lado, varios miles se alistan para asistir al magno evento. No se han enterado de la desmedida protesta en las calles de mi ciudad. No. No saben lo que sucede por acá. Sólo saben que habrá un concierto. Buena música. Una celebración. Hace bien de vez en cuando dejar de lado los problemas y disfrutar bajo el cielo estrellado de un buen espectáculo. Celebrar. Lo demás no importa. Es lo que recetan los doctores.

Pero que digo, claro que importa. Si leen esto alguna de esas diez personas vendrán y con los mismos martillos furibundos romperán la pantalla de mi laptop. No dudo que lo que escribo les moleste, principalmente porque no pienso como ellos. No encuentro que las cosas cambien cerrando todas las entradas de aire en la casa del vecino. Dentro de esa casa vive gente, que necesita de ese aire para respirar. Por poco que sea, algo de aire les llega y con eso siguen viviendo.

Me llama la atención el poder que aún creen tener estos diez censuradores que martillo en mano detienen el tránsito. Ellos creen que todos en la ciudad piensan de la misma manera y los que no lo hacemos deberíamos pudrirnos en el infierno. Alegan y alegan como si tuviesen seguidores por todos lados. No dudo que aún los haya. Pero la mayoría ya están retirados. El resto de la población ya no les para bolas. Alegan por lo largo que ha sido el proceso de transición en la otra casa, y no se dan cuenta que ellos quieren ser dictadores en ésta. Son unos déspotas que quieren mandar en las vidas de todos los que vivimos acá. Debo reconocer que es verdad que controlan los dos canales de televisión que tenemos, pero que le vamos a hacer. Los diez amartillados rompe vinilos viven de eso. De romper vinilos en la calle. Eso es lo que los mantiene. Para eso les pagan. Mientras haya vinolos que romper, ellos pararán el transito y públicamente los destrozarán. Por supuesto que los dos canales estarán presentes, o si no se podrían quedar sin avisaje. Discúlpenme pero mi metrópoli bananera es así. Hay cosas que de a poco cambiarán. Hay que tener paciencia.