: : Homenaje a un par de perras

Una semana como esta, pero en el año 1969, los rusos mandaron al espacio el Sputnik 5. En su interior iban dos perras y 40 ratones. Belka y Strelka eran las canes. Ya nadie habla de ellas. De las cuarenta ratas no se mencionan nombres. Tal vez por algún asunto de seguridad nacional. Recordemos que esto se hizo en medio de la Guerra Fría que por suerte ya terminó, o al menos eso nos han hecho creer.

Mandar dos perras al espacio sin nadie que les recogiera sus excrementos es cosa seria. Una falta grave a los códigos de etiqueta de la actualidad. El que tiene perro que lo cuide. Para eso estamos. El mejor amigo del hombre debe ser servido. En su momento nadie se quejó. Lo de las cuarenta ratas es otro problema. A ellas nadie las defiende ya que se cuidan solas. Además se les tiene mucha bronca por eso de las enfermedades que acarrean y otros males no menores. ¿Por qué cuarenta? Tal vez haciendo referencia a los cuarenta ladrones de Ali Baba. Ladrones, roedores. Claros problemas de los tiempos modernos a pesar de que han estado entre nosotros desde siempre. Los ladrones, a menos que sean como los seguidores de Robin Hood, no son queridos por nadie y por cierto los roedores tampoco.

Sin embargo lo de las perritas es otro problema. Me caen bien los canes. En mi casa tenemos una, se llama Lainey, en homenaje a un personaje de Seinfeld. Una belleza de animal. Noble como ella sola. Una tremenda compañía. Ella tiene quienes la cuiden. Las pobres Belka y Strelka son asunto olvidado. No hay estatuas en su honor ni nada. En la plaza roja deberían tenerles al menos una plaquita con sus nombres. Pero no, ya nadie las menciona. Se fueron al espacio una semana como esta pero hace cincuenta años y ya.

Por el bien de la humanidad se hacen experimentos con animales una y otra vez hasta conseguir resultados auspiciadores. Se les da la oportunidad a los científicos y a los inventores. Todos tienen una y otra oportunidad de hacer las cosas, menos nosotros los simples mortales. Que se le va a hacer. Así no mas es la vida.

Perros, monos y ratas en el espacio. ¿Qué vendrá después? Lo más probable que sean abogados, políticos, banqueros y millonarios también. Creo que al final da como lo mismo.

: : El plantón del domingo

El sábado quedamos en que el domingo trabajaríamos y no pasó nada. Mi señora tenía planes de ir a la playa y fueron cancelados. No fue culpa mía. Me habían dejado plantado. Sentado al lado del teléfono como una Penélope. La de Serrat. La que se quedó solterona. Pobrecita ella. Pero en fin, el punto queda claro. No necesito darles más detalles. De todo lo malo siempre sale algo positivo. Un aprendizaje, un contacto, una anécdota entretenida. En este caso, mientras esperaba que sonara el teléfono saqué del cajón mis lápices y una libreta y me puse a dibujar. Pasé toda la tarde dibujando. Tal vez algún día les muestre mis dibujos nuevos. Lo más entretenido es que me sentí muy bien haciéndolo. Fue un hermoso reencuentro.

Hace mucho que no pasaba una tarde dedicada al dibujo. Creo que me hizo bien. De vez en cuando es bueno dejar todo y recuperar aquellas cosillas que nos hacían feliz. Mi señora estaba molesta por el plantón que me habían dado, sin embargo quedó encantada con los bosquejos que saqué. Una maravilla. Una tarde de playa que se había ido por los caños se había convertido en una tarde para la creatividad.

No es agradable que nadie pierda nuestro tiempo, especialmente porque es bien sabido que el tiempo perdido no se recupera. Si yo decido perder mi tiempo es problema mío. Pero que otra persona lo haga no está bien. No es correcto. Debería de alguna manera ser penado por la ley. Alguien debería establecer un número ochocientos donde poder dejar estampada la queja. Un lugar donde uno pudiera desahogarse. Pero no existe ese lugar especial. Nadie le para bolas al tiempo. Nadie se pone a pensar en que el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos. Bueno, Milanés lo hizo y parece que fue el último.

Pero perder el tiempo tampoco es algo bueno. Cualquier cosa que se pierda se extraña. La memoria, las argollas, un libro o cuaderno. Se pierden los goles y en castigo te los hacen. Se pierden los estribos y las llaves. El asunto, es que a penas nos damos cuenta que hemos perdido algo, de inmediato lo extrañamos y más que nunca lo necesitamos. Triste, pero lo que se perdió se perdió. Especialmente el tiempo.

La pobre Penélope de Serrat perdió su tiempo esperando a su galán y al final perdió también su juventud y su cordura. Se quedó solterona. Triste. Una lástima. Los que la querían y miraban como pasaba esto sufrían. Así es, como mi señora sufría sabiendo que estábamos perdiendo una hermosa tarde para estar en la playa. Lo importante, es que algo bueno sacamos de todo esto. Al final no todo estaba perdido.

: : Puede que si y puede que no...

Al parecer los señores de British Petroleum lograron parar el derrame de petróleo en el Golfo de México. Al menos eso nos dicen los medios de comunicación. Quien sabe si podamos confiar en ellos. Puede que si y puede que no. La dualidad de la vida es una constante. Tenemos lo material y lo espiritual. Por cada Jing tenemos un Jang. Si tenemos día, también tendremos noche, razón y fe, bien y mal y bla, bla, bla. Para todo lo que hacemos hay un cincuenta por ciento de probabilidades de que se dé como de que no.

Puede que el derrame de petróleo se haya detenido como puede ser que no. Quien sabe. Es triste depender tanto de los medios y al final no poder confiar al cien por ciento en ellos. Una lástima. Cuando chico creía en todo lo que leía. Ahora que ya soy un adulto encuentro difícil creer con la misma facilidad. Lo triste es que hay millones que nunca han dejado de creer y que se tragan cualquier cosa que les den. Horror. Triste pero cierto, y los mentirosos lo saben y por eso siguen alimentándolos con sus mentiras.

No es fácil no creer. Eso también es triste. No se puede vivir una vida sin creer en nada ya que llega un momento en que uno se encuentra solo. Aislado. Marginado. Nadie quiere estar con alguien que no cree en nada. Lo tildan de amargado. Por alguna razón hay quienes toman las creencias como si fueran golosinas. Ahora que lo pienso, puede que si lo sean, quien sabe. Las amarguras de la vida se pasan con los placebos como la religión y los deportes. Otros pasan las amarguras con alcohol. De acuerdo con esto los predicadores, los peloteros y don Juanito Walker deberían ser considerados males necesarios para las amargadas existencias de los humanos.

A veces me siento como si estuviera parado afuera de un restaurante mirando a los comensales disfrutar de sus cenas. Miro desde el otro lado de la vitrina. Los veo mover sus labios en gratas conversaciones pero no los escucho. Sólo oigo los ruidos de afuera. La gente que pasa apurada. Las bocinas y los motores. Los gritos lejanos. El zumbido molesto producido por la gente hablando por todos lados. Adentro en el salón están los que creen en algo sin cuestionarse nada. Afuera los que nos cuestionamos todo. Al parecer los de afuera somos más. Sin embargo nos comunicamos menos. Estamos repartidos. No nos conocemos. En verdad, puede ser que si sea más solitario de este lado.

Pasamos la vida caminando sobre este tejido de cuadrados blancos y negros. No siempre ponemos atención a las cosas, pero por cierto ahí están. Nos observan. Siempre hay alguien mirando. No estamos solos aunque a veces nos sintamos así. El dualismo está presente. No nos deja. Querámoslo o no, siempre está. Hoy jugaré a la lotería una vez más. Puede que gane o puede que no. Veremos. Para que pasen las cosas siempre hay que dar un primer paso. En todo caso, aunque los señores de BP hayan detenido el derrame, hay un cincuenta por ciento de probabilidades de que no les compre su combustible nunca más.

: : Dejando que la mente vuele

El verano de 1984 fue memorable por muchas razones las cuales no pretendo contar ahora, ya que no se trata de eso que voy hablar. La razón por la que mencioné esa fecha tiene que ver con un tema que acabo de escuchar en iTunes. Así funciona la mente. Es una loca que cualquier cosa, por pequeña que sea la trasporta. En verdad, cuando uno está en un lugar en el que se siente incómodo, lo único que le queda por hacer es dejar que su imaginación viaje lo más lejos que pueda. Con o sin rumbo da lo mismo. Que nos lleve a mejores lugares. A sitios en donde hemos sido felices o lugares en que creamos poder serlo.

Debo reconocer que siempre he sido un tipo afortunado, a pesar de que a veces me quiero convencer de lo contrario. La señora fortuna de una forma u otra se las arregla para dejarme saber que he sido acariciado por su varita mágica. La suerte siempre me da la razón aún cuando a veces piense que me ha dejado. Tengo suerte de tener tantos buenos recuerdos atesorados en mi memoria, y tengo suerte ya que sé que aún quedan muchas cosas buenas por venir.

El valor de los recuerdos varía según la edad en que fueron creados. Por ejemplo, los que guardo de ese verano se refieren mas al desenfreno de un jovencito que sólo piensa en el aquí y en el ahora. Eran hasta cierto punto egoístas. Unipersonales. Singulares. Ahora, mis recuerdos son colectivos, en ellos vienen el reflejo de las vidas de mis hijos. Ya no sólo veo a través de mis ojos sino que también por los de ellos. Disfruto de sus fotografías en Facebook junto a sus amigos y me trasporto a esos tiempos en que estaba con los míos. Mucho tiempo ha pasado. Mucha agua ha corrido por debajo del puente.

Gracias al macabro Internet muchas cosas buenas se han podido dar en nuestras solitarias vidas. Nos hemos vuelto a comunicar con los recuerdos. Nuestras mentes han dado una nueva y feroz pelea contra el Alzheimer. No somos pocos quienes nos hemos dado el tiempo de mirar atrás en nuestras vidas y de paso, ver como les ha ido a nuestros amigos de infancia. Que tiempos aquellos, sin preocupaciones ni problemas. Cuando el tiempo parecía que nunca iba a pasar. Cuando no amanecíamos molidos después de una noche de fiesta. Ahora, con suerte me da el cuero para salir de juerga una o dos veces al mes y la recuperación se da en un par de días y no en horas. Como ha pasado el tiempo.

De una cosa me he dado cuenta. Las cosas que me gustaban en esa época son mas o menos las mismas que me gustan ahora. No han cambiado mucho mis gustos con el paso del tiempo. En ciertas cosas se han refinado, en otras son exactamente iguales. Sigo siendo el mismo. Con algunos kilos de más. Pero que le vamos a hacer si la gravedad nos maltrata con los años. Es como la televisión que aumenta de peso a los animadores. Los años no pasan en vano.

La mente es cosa seria. Debe ser horrible perderla. Olvidar todo. Quedarse en blanco. Debe ser por eso que me da mucha lástima lo de Cerati. Su música acompaña muchos de mis recuerdos ochenteros. Una época inolvidable. Ojalá que se recupere.

: : A Marte los pasajes

Ahora si que estoy feliz. Se preguntarán… Why? Sucede que acabo de leer que finalmente lograron el mapa más detallado del planeta Marte. ¿Por qué podría alegrarme eso se preguntarán? Bueno, sucede que siempre he sido un viajero empedernido, un romántico viajero. Sin embargo, no me gusta viajar sin mapas. Me pierdo. Para algunos puede ser algo entretenido, pero en mi caso es desagradable. La sensación que me produce andar perdido me complica. No es fácil. No es algo que me guste repetir una y otra vez. Prefiero evitarlo. Ahora con los GPS soy feliz. Me encanta la experiencia. Además me hablan. Cuando ando sólo me siento acompañado. Claro que hace tiempo que no ando solo. Mi señora no me lo permite.

Hay sensaciones muy desagradables que siempre son mejores evitar. No todos somos masoquistas, aunque después de las elecciones en algunos países, no diré cuales, parece que si lo son. Claramente les gusta el dolor. Eligen erróneamente a pesar de que los hechos y la historia les demuestran lo contrario. Mi vieja decía que la gente después de cierta edad no cambia, empeora. Mi señora dice lo mismo. Pienso igual que ellas. Darse vuelta la chaqueta sólo engaña a quienes no quieren poner atención. Sólo sucede en las películas dirían por ahí, Pero pasa. Mas seguido de lo que uno pudiera imaginar.

Las personas se creen los cuentos que les dicen por flojera. No quieren darse el trabajo de pensar por si mismos. La apatía no es más que flojera. Por ejemplo, hay un candidato a gobernador del estado en el que vivo. Leí un articulo muy interesante donde se preguntaban quién era este personaje, sólo se sabe que representa a un partido de oposición, que es multimillonario y que es ULTRA conservador. Tiene avisos por todos lados, y se jacta de que sus aliados son los Benjamines, refiriéndose a los billetes de cien dólares donde aparece la cara de Franklin.

El articulo en cuestión habla de la posibilidad casi cierta de que gane las elecciones. La gente no tiene idea de quien es, sin embargo, gracias a la repetición incesante de su nombre en la televisión, los diarios y hasta las paradas de los buses, la gente votará por él. Triste pero cierto, lo más probable es que gane el que tiene más dinero.

Puede que sea un idealista, no lo dudo. Por eso no deja de sorprenderme el hecho de que las personas sientan flojera a la hora de elegir a quienes les gobiernan. No entiendo que se crean los cuentos ni que les importe tan poco. Creo que es algo descabellado. Una locura. Una falta de amor por si mismos y pos sus comunidades. Es una lástima.

Creo que Marte es un muy buen lugar para visitar y por que no, quedarse a vivir. Siempre y cuando se pueda contar con aire fresco, agua pura y comida, mucha comida. Pienso que de haber vida en Marte, como nos presentaba Ray Bradbury, lo más probable es que sean seres inteligentes y hospitalarios. Con sólidas políticas medioambientales, de salud, de educación y no podemos dejar de lado lo cultural. Los museos en Marte deben ser geniales, cargados al rojo pero geniales.

: : La falta de tiempo

Hace tiempo que tengo ganas de escribir un cuento pero no siempre las ideas fluyen como debiera ser. En verdad, generalmente la mente divaga en momentos en que no tenemos un lápiz ni un papel en que dejarlas grabadas. Esas son algunas de las ironías de la vida. Pero que le vamos a hacer, así le debe suceder a todas las personas y no sólo a mí. Siempre tendemos a creer que la mala suerte es algo personal, sin embargo es algo común que le sucede a todas las personas. Es cosa de mirar alrededor y podremos ver que a todos nos pasa.

Mi vieja por supuesto tenía otra frase cliché al respecto, ella decía que mal de muchos es consuelo de tontos. Sabia mi viejita. Para variar tenía toda la razón. En todo caso es cierto. El mundo en que vivimos es el templo al Yo.

Hablando del Yo, les contaré que hace tiempo empecé a escribir una novela, la cual no ha ido a ninguna parte. Ahí quedó guardada en alguna memoria externa, ya que es ahí donde guardamos las cosas ahora, no en la nuestra, sino que en una comprada que tiene una capacidad limitada. Si me preguntan de que trata mi novela no sabría por donde empezar. Lo que tengo claro es que no es una novela de amor.

Tener bloqueos mentales es algo normal para los escritores he leído por ahí. Así que no debería preocuparme. Algún día me sentaré y terminaré de escribir ese cuento. Me conformo con que sea cuento y no novela. A veces un buen cuento es mejor que una mala novela. Eso puede ser que ayude. En una de esas la meta que me puse fue demasiado elevada. La vara me quedó inalcanzable. Demasiada alta para mí.

Nunca está demás sentarse a re estudiar algunas cosas de nuestras vidas. Los proyectos personales son los que primero dejamos de lado. Es más fácil olvidarlos que perseguirlos. A todos nos pasa, sin embargo, tengo claro que eso no es un consuelo.

“Eran pasadas las nueve y media de la mañana cuando sonó el teléfono. La habitación se encontraba a media luz, ya que las cortinas de papel crepado no son buenas a la hora de mantener la penumbra, sin embargo dan un tono cálido al entorno, sin duda en recuerdo dejado por su última compañera…” así empieza mi cuento. Nada del otro mundo, sin embargo es un cuento mío. Uno de tantos. Claro que al parecer los cuentos son más fáciles de contar en persona en medio de una conversación distendida y una que otra botella de vino que de ponerse por escrito. A veces las ideas no se quieren dejar escribir. Se ponen díscolas con el papel. No quieren nada con la hoja carta en blanco que aparece en el monitor.

La cosa puede que no sea tal y sólo es que no he tenido tiempo de sentarme a escribir. Eso. No he podido terminar de transcribir el cuento que está guardado en mi cabeza y en mi corazón por falta de tiempo. El reloj no ha querido darme el espacio necesario. Mis días han estado copados de actividades hasta tal punto que no he podido seguir adelante con mi sueño. Perfecto, ahora que encontré una buena y popular excusa puedo volver a lo que, fuese lo que fuese, no era para nada una perdida de tiempo.

: : No se equivocó el zorzal

Entre dos árboles, esbelto como columnas se encuentra un caballero burgués. Sombrero de copa y bastón en una mano, mientras que en la otra sostiene una taza. No puedo menos que pensar que en su interior contenga Té. Un bigotito fino y peinado engominado. Sobre su cabeza, cuelga un reloj de bolsillo. Una saboneta antiquísima y sin cadena que marca las doce. En una de las ramas del árbol de la derecha descansa o tal vez asecha una serpiente. A los pies del otro macizo, un felino salvaje. De fondo un mapa de alguna parte del planeta que no puedo definir. Es un mapa viejo, tanto como la apariencia del caballero del centro. El tipo se ve elegante y distinguido, a pesar de que en la actualidad seria tomado como cochero de calesa o portero de hotel de cinco estrellas.

Lo que les describo es una ilustración que acompañaba a un poco interesante escrito sobre Diderot, un renombrado filósofo de la ilustración. La verdad es que el dibujo me trasportó mucho mas que el escrito en sí. Me permitió dejar volar mi imaginación hacia otros lugares. Me hizo pensar. Lo que me pasó fue algo así como las películas actuales en que los efectos especiales nos llenan más la mente que el guión. De hecho, muchas de estas películas carecen de uno por completo. Triste. Las percepciones de todas las cosas han ido variando hasta un punto en que a veces nos encontramos entre mensajes sin sentido que no enriquecen y que se dilatan.

Esto me pasa muy seguido lamentablemente. Los intelectuales se vuelan escribiendo. Usan las palabras más difíciles y mientras más complicado sea lo que entregan, mejor. La idea es dejar en claro que saben mucho y los demás no. Si se entiende lo que escriben da lo mismo. La idea es que no sea entendido. Por otro lado, la carencia de mensajes también es otra realidad de nuestro súper siglo veintiuno. Gardel lo dijo, el mundo fue y será una porquería… y en el dos mil también. No se equivocó el zorzal.

El problema de la falta de mensajes contundentes y enriquecedores es que allá afuera está lleno de jóvenes que no tienen idea de lo que quieren ni hacia donde van y que ven en Mtv los modelos que deben seguir. Les dicen cómo deben vestirse, lo que deben comer o beber, como deben caminar y hasta como deben hablar. Una lástima. Cada vez son menos los jóvenes que quieren perseguir una carrera o que tienen intenciones de cambiar algo. De hecho, no se dan cuenta de que no están en nada ni de que la vida pasa y que el tiempo perdido no se recupera. Lo más triste es que muchos padres están en la misma onda que sus hijos. Consumidos por el consumismo y por la descomunicación.

Debo reconocer que fui un afortunado de haber crecido en los setenta y ochenta. Creo que esas fueron las últimas buenas épocas. Ricas en retos y fuertemente creativas. Ahora que ya estoy en mis cuarentas, me doy cuenta de que de los noventa para adelante la cosa como que se enfrió. Cómo que se enfriaron los corazones y se bloquearon las mentes. Vivimos en la generación Nintendo. La generación Ipod, Ipad, Iphone. Gracias Steve Jobs por tus regalos de reclusión en el yo. Alguien escribió en feisbuk el otro día que lo mejor de ese medio era que había logrado que las personas volvieran a hacer lo que antes hacían en la calle, interactuar. Tenía toda la razón.

: : 37 avenida

atado sin misericordia
entre cuatro murallas
despintadas y roídas
siento

rebelado contra todos
transito las arterias sucias
sin itinerario ni agenda
me marchito

no encuentro nadie en mi interior
las brazas están frías
como muertas

quiero estar en otro lugar
cualquiera pero lejos de aquí

en lo recóndito
se encuentra oculto el chiquillo
que se perdió en claremont

aquí sigo esclavo
atado sin misericordia
mientras el día se aleja lentamente
hacia el mar

© 2010

: : La ballena y el Intrepid

Una ballena de cuarenta toneladas se pegó un mal salto. El peor de su vida y dejó a los intrépidos tripulantes del Intrepid con su velero hecho trizas en el medio de la bahía, al frente de Ciudad del Cabo. Triste que haya sucedido ahora, ya que de haber pasado en época del Mundial podría haberse tomado como lo mejor del certamen futbolero. El asunto parece cuento pero en verdad no lo es. El cetáceo perdió el equilibrio. Se dio un tropezón. Llámelo como quiera, el asunto es que el Intrepid pagó los platos rotos. Siempre los más pequeños, débiles, desvalidos, vulnerables pagan por los descalabros de los grandes.

Pero en este asunto ¿Quién paga? Nadie. Sacando conclusiones, esta ballena no tiene culpa alguna en lo sucedido, por lo cual no se debería esperar que ella pague por los daños, sin embargo, creo que esta determinación se debe tomar luego de haber visto los resultados de la alcoholemia. Eso es lo mínimo que podríamos esperar. Ahora bien, la ballena solita debería ver como arregla el entuerto, es lo mínimo en una sociedad decente. A menos por supuesto, que bajo el mar las cosas sean distintas.

Siendo que el hecho no sucedió en tierra firme no se podría esperar que sea la justicia ordinaria la que determine en este asunto. El problema es que si bien es cierto el asunto sucedió en el mar, no fue precisamente en este donde se dio la situación sino que en el aire. La ballena volaba cuando aterrizó sobre la pequeña embarcación. De ser así, la justicia aeronáutica debería tomar cartas en el asunto.

De ser condenado el cetáceo los más felices deberían ser los japoneses, ya que podrían pedir ser ellos quienes le apliquen justicia faenándola cruelmente dentro de uno de sus barquitos. Horror. No creo que el asunto sea para tanto. Como ya dije, dudo que la ballenita lo haya hecho de adrede. No hubo mala intención sino sólo un error de cálculo. Una cosa poca dirán por ahí. Nada que no se pueda arreglar a lo amigo. Sin necesidad de recurrir a las autoridades. Que como vimos, no se sabe cuales puedan ser.

Pero no nos olvidemos del Intrepid. Como ya dije, pagó los platos rotos. Estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Que tristeza. Un bello día disfrutando del sol en el mar destruido por una ballena confundida. No hay respeto digo yo. Uno se pasa la vida protegiendo a estos mamíferos acuáticos para que uno venga y se mande este numerito. Por suerte no hubo heridos que lamentar, claro que la ballena debe haber terminado cojeando o mejor dicho, nadando con problemas.

Esta si que es una buena historia náutica. “El otro día mientras navegaba por la bahía apareció una tremenda ballena de unas doscientas toneladas que cayó sobre la cubierta de popa…” o algo por el estilo para comenzar. Todos sabemos que los hombres de mar siempre exageran en el tamaño de los peces que agarran. Claro que la ballena también podría contar una buena historia a sus amigas en las profundidades. “Andaba contenta por ahí chapoteando cuando me pego el salto y, no se que me vino, pero perdí el equilibrio y caí arriba de un velerito que pasaba. Seré tonta.” Entonces sus amigas se largarían todas a reír alegremente. Al final el asunto no es más que eso. Una anécdota para la risa.

: : Por los tornillos de la madre

Me bajé del trolley y caminé como de costumbre. Por la sombrita, ya que el astro rey anda pegando que da miedo. Que calor nos ha tocado este verano. En el hemisferio sur en cambio, se están congelando. Hay nieve donde nunca antes la hubo. Terrible. La madre tierra se nos volvió loca. En una de esas le llegó la menopausia y nadie lo había anticipado.

El asunto es que el calor que nos ha tocado es cosa seria, y como si fuera poco ya anunciaron que la temporada de huracanes (que de paso empezó hace ya varios días), viene cargadita al descontrol. Habrá esquizofrenia en las aguas del trópico. Los vientos soplarán descontrolados y la lluvia caerá sin medida ni clemencia.

Cuando uno lo piensa detenidamente, no hay un lugar en el planeta que pueda ser considerado perfecto. Creo que eso no es más que una ilusión. Para donde uno mire tenemos huracanes, tornados, tsunamis, avalanchas, inundaciones. Ni hablar de los calores extremos o los fríos hiperbóreos. Ni hablar de los mosquitos, los animales venenosos, los sanguinarios depredadores. No estamos seguros ni en la tierra ni en el mar. Horror. A la pachamama se le aflojaron los tornillos. Finalmente la sacamos de sus casillas y que quede claro que no me refiero a Iker.

La madre tierra se ha transformado en una vieja demente, trastornada, chiflada. Es nuestra culpa y de nadie mas. La pobre ahora debe estar dedicada a criar gatos por docenas. Está encerrada en un departamento oscuro y maloliente. Sola. Triste. Perdida en sus recuerdos. Así hacen generalmente las damas de edad avanzada que pierden su acercamiento con la realidad. Pobrecitas. Lo bueno, es que dicen que los gatos son animalitos limpios y que no requieren de grandes cuidados. Se atienden solitos. En lo personal no tengo nada contra los felinos. Hace algunos años tuve uno. Se llamaba Lord Parsifal. Estaba totalmente loco.

Ayer hablaba con un amigo que antes de que su padre falleciera le prometió hacerse cargo de su madre. La señora tiene ahora como noventa años y hace algún tiempo sufrió un derrame que le quitó para siempre su independencia. Mi amigo ha cumplido la promesa que le hizo a su padre y cuida de ella como se lo merece una madre. Eso es raro en este país. Acá la percepción que se tiene de los ancianos es distinta, En pocas palabras, la política es cada uno cuida de si mismo. Y san se acabó. Volviendo a lo mío, creo que la madre tierra también merece de nuestros cuidados. No podemos dejar que su demencia siga en aumento por culpa de la soledad y de los malos tratos de sus hijos. Debemos ser agradecidos. No olvidemos que todo lo que somos y tenemos se lo debemos.

: : De visita donde Sherlock

Estaba en el estudio de una hermosa casa estilo Victoriana. Todo bellamente decorado. De mucho gusto. Muchas antigüedades, como era de esperarse. Muchos libros de tapas de cuero color café en los estantes. Fotos antiguas con bellos marcos por todos lados. En las paredes cuadros de cacerías a caballo. Los ventanales tenían marcos blancos. La vista daba a un parque. Al otro lado de la puerta doble había un gran escritorio de madera gruesa y brillante. Entre dos sillas de respaldo alto había una mesita de madera redonda de tres patas, sobre ella una fuente de cristal con chocolates. Todo lleno de finura y elegancia. Me senté a esperar. No tenía otra alternativa.

Habrán pasado no más de tres minutos cuando por la puerta apareció un tipo alto, muy delgado, de prominente nariz aguileña. Era nada menos que Sherlock Holmes, como podrán ver estaba soñando. No cabe la menor duda, ya que el tipo en cuestión fue un invento de Conan Doyle y no una persona real. Segundo, de haber sido real ya estaría más que muerto, en ese caso habría sido un fantasma, y este cuento no es de terror, así que eso queda fuera de toda consideración.

Sherlock vino y me saludó muy cordialmente, como si nos conociéramos de antes. No puedo negar que por años he sido un seguidor empedernido de sus historias, sin embargo nunca antes me había topado con el detective ni en sueños, así que no puedo negar que me llamó la atención su entusiasmo al verme.

Conversamos un buen rato, ya que se fumó al menos tres pipas. Lo que en tiempo podría ser más de una hora con facilidad. Le pregunté por el doctor Watson, pero no me contestó y cambió el tema. Quién sabe si habrán estado peleados al momento de este encuentro. Puede ser. Compartieron el mismo apartamento por varios años, puede que al final ya no se soportaran. Tengo un gran amigo con el que compartimos un apartamento en el centro de Santiago. Vivimos ahí como tres meses y después de eso no nos volvimos a hablar. Cosas de la vida. Recuerdo que su madre nos dijo que era un error mudarnos juntos. Al principio lo pasamos súper bien, hasta que aparecieron las hijas de Venus y se nos fue la convivencia a las pailas. Que triste.

Para ser honesto no recuerdo para nada de qué hablamos con el señor Holmes a parte de ese detalle de Watson. Debe haber sido entretenido o si no me hubiera ido a soñar con otra cosa. No me queda claro si se pueden manipular los sueños. Creo que no. Cuando tengo pesadillas generalmente la única salida es despertar sobresaltado. En una de esas la visita a la casa del más grande investigador de todos los tiempos fue terrible y simplemente no me desperté a tiempo.

: : La anticuada doña FIFA

No tengo la menor idea de que irá a ser de nosotros ahora que se terminó el Mundial. Los horarios de los partidos eran ideales para acortar el día en la oficina. A las 10 el internet se ponía lento ya que todo el mundo estaba streaming desde sus computadores. Tanto así que finalmente los jefazos dijeron que era mejor poner un televisor en la sala de reuniones, y así se hizo. La cosa mejoró montones para los que no amantes del deporte rey preferían producir dividendos para la compañía. Otros, entre los que me incluyo, escapábamos a ver a los veintidós gladiadores detrás de la escurridiza yabulani, acompañados del hipnótico canto de las vuvuzelas.

La cosa es que se nos acabó el Mundial y nuevamente hemos sido arrastrados de manera brutal e inmisericordiosa a nuestras estaciones de trabajo. Increíble. No hay respeto por el dolor ajeno. Mis selecciones (ya que debo reconocer que tuve más de una predilección), no consiguieron los logros que se esperaban de ellos. Triste. Pero nos regalaron momentos felices mientras duró el ensueño. Genial. Para eso estamos. Para vivir plenamente esos momentos, generalmente cortos, de alegrías. Lo lindo es que esas pequeñas alegrías nos mantienen por años, gracias a que se convierten en recuerdos. Anécdotas. Cuentos.

Por un lado podríamos tertuliar largo y tendido con el mal desempeño de los señores jueces de campo, los colegiados. Malos, muy malos. No todos por supuesto. Hubo uno que otro que se salvó y pasó inadvertido por el campo de juego, ya que no deberían ser ellos los protagonistas, algo que algunos aún no comprenden. Otra velada extensa podría darse alrededor de la pelotita esa. Parece que tenía un conejo dentro. La idea era que se vieran más goles. No fue así. Por el contrario, vimos menos goles y un montón de frustrados jugadores corriendo a ver si la alcanzaban, ya que la gordita de cuero daba un bote y apretaba cachete. Se arrancaba como si creyera que se la querían comer. Pobre pelotita.

La seguridad en Sudáfrica fue un tema recurrente. No deben haber sido pocos quienes pudiendo no fueron al Mundial por temor. No es para menos, ese continente no ha sido una taza de leche que digamos. Acá en mi oficina la seguridad es cosa seria. No podemos hacer nada sin que tengamos que marcar tarjeta, o poner el dedo, o usar alguno de los aparatos magnéticos que nos dieron. Horror. No se puede ir al baño sin que seguridad lo sepa. ¿Tendrán cámaras en las letrinas? Quién sabe, eso ya es tema para otro artículo.

Volviendo al tema, la FIFA nos regaló un mes de competencia. No fue un buen Mundial. Fue mediocre. He visto mejores. La final fue súper aburrida. Mi amigo John me dijo que lo despertara si algo pasaba. Para los gringos el futbol es fastidioso. Pesado. Están acostumbrados a deportes rápidos y con muchos goles por lado. Como le explica uno que la FIFA no se quiera modernizar aplicando tecnología para refutar algunos, claramente desacertados fallos arbitrales. No hay manera. No se puede. La señora FIFA es anticuada y hace lo que quiere. No le interesa modernizarse. Ahora bien, lo que pedimos no son cambios monumentales. Tampoco tienen porque ser cambios que apliquen a todas las pequeñas ligas del mundo, pero si para las finales de las competencias grandes, como un Mundial por ejemplo, no hay nada más grande que eso.

Ahora que se nos acabó el Mundial no nos queda más que volver a trabajar a esas horas en que disfrutábamos del futbol. Se acabó el recreo cabritos. A producir se ha dicho. A ganar dinero como locos ya que para eso estamos. Por supuesto que no para nosotros, si para los dueños de la compañía. A nosotros no nos toca nada.