: : Esclavos modernos

A las cuatro de la tarde paramos de hacer lo que sea que estemos haciendo y nos vamos a la cocina. Un rito vespertino. Un respiro obligatorio. Una sana costumbre que viene a romper un poco ese dejo de esclavitud que nos abraza la mayor parte del día.

En la cocina tenemos dos refrigeradores. Modernos. Metálicos. Un par de hermosuras. Generalmente atestados hasta el tope de bolsas de comida. Cada uno guarda ahí sus meriendas. Hay quienes hacen una compra semanal y lo llenan de frutas, verduras y gaseosas. Compran leche para toda la semana. Pan de molde. Hay de todo. El surtido es variado y colorido. Una belleza.

Al descanso llegamos todos con el mejor de los ánimos. Excepto contadas excepciones que aprovechan el momento para llenar las mentes de los demás con su pesimismo y mala onda. Claro que no se les puede criticar demasiado, ya que todos, más tarde o más temprano pasamos por esos momentos de rabia. Rebeldía. Rebelión.

La esclavitud moderna es algo serio. Real. Tangible. Se le puede sentir, oler, saborear. Se le puede ver en cualquier lado. Es cosa de poner atención y abrir la mente.

Todos somos esclavos y lo que es peor, acá en el estado en donde vivo, no hay quien nos proteja. No. Acá como si fuera poco nos tienen convencidos de que los representantes son elegidos por nosotros y están en sus cómodas oficinas para velar por nuestros derechos. Una falacia más. Una broma. Una falta de respeto.

Nadie nos protege. No hay Chapulín Colorado que salga de detrás de algún mueble con la llave para soltar nuestros grilletes invisibles, esos que nos ha ido dejando el sistema.

Cuando me paro de mi escritorio y camino hacia la cocina para disfrutar de mi descanso, pienso en que quisiera estar en cualquier otro lugar menos aquí. Nada personal. No tiene nada que ver con mis compañeros de celda sino con que me gustaría pasar más tiempo con mi familia. Pero qué le vamos a hacer, no se puede y ya. Pasan los quince minutos. Devuelta al escritorio. Debo darme con una piedra en el pecho, al menos tengo un escritorio.

: : Yo indignado, ¿y usted?

Hace tres años el gobierno tuvo que sacar la chequera para arreglarles la casa a los bancos. Los más grandes estaban en la quiebra. No tenían dinero. Se lo habían comido todo. La especulación excesiva les había pasado la cuenta y todo el sistema se estaba “derritiendo”. Eso fue hace tres años. Hoy, los mismos bancos quebrados y desprestigiados han renacido. Citibank llegó a tener setenta y cuatro por ciento de utilidades. Un tremendo logro. Esperaban 81 centavos por acción y lograron 1.23. Un record. Se pasaron.

Es por cosas como esta que los indignados se han tomado Wall Street. Somos muchos los que estamos de acuerdo con esto. Sin embargo, los noticiarios no le han dado la cobertura que se merece. A veces pareciera que no lo han tomado en serio. Pero qué le vamos a hacer. El mundo parece no tener tiempo para mirar estas cosas. A la mayoría de las personas parece que les da lo mismo. Están adormecidas. Aletargadas. Sumidas por completo en la complacencia. En la comodidad.

En general, todos los indignados tenemos razones para estarlo, y digo tenemos, ya que me considero uno de ellos. El problema al parecer con este movimiento es que de una forma u otra, hay que canalizar la indignación hacia algo coherente. Entendible. Respetable.

El otro día se juntaron más de mil personas a protestar en mi ciudad. Fuimos con mi señora y mi hijo de ocho años. Al llegar nos regalaron unos letreros. Uno decía “No maten el sueño”, el otro decía “Sanemos América, cobrémosle impuestos a los ricos”. Le dije a mi niño cual letrero le gustaría tener y me dijo que el de los sueños, ya que el no entendía de impuestos. Lo encontré genial.

Lo que no encontré genial en lo absoluto fue algo que sucedió después. Dos reporteros de dos estaciones diferentes llegaron a cubrir la protesta. Cada uno venía acompañado de su respectivo camarógrafo. Hasta ahí todo bien. Lo que me molestó fue que durante largos minutos no hicieron nada. No hablaron con nadie. No se involucraron en lo más mínimo. A eso de las tres y media, como estaba programado, los asistentes comenzaron a caminar hacia el edificio del gobierno local. La policía cortaba el tránsito para garantizar la seguridad de los caminantes. Hasta ahí, todo bien. Cuando quedaba un grupo de no más de treinta personas, los dos periodistas y sus camarógrafos comenzaron a grabar sus reportes. En la noche, al ver los noticiarios, ambos informaron que la convocatoria había sido menor, algo que respaldaron con sus imágenes. Hicieron aparecer como si la protesta hubiese sido una cosa menor.

Tengo muchos amigos periodistas, productores y camarógrafos. Puedo dar fe de su integridad como personas y como profesionales. Lamentablemente debo decir, que aquí en los Estados Unidos, país en donde se dicta cátedra en muchas cosas, se ha perdido el norte. Las corporaciones han tomado el control de todo, empezando por los medios de comunicación. La libertad de prensa esta herida y se desangra. Hace tiempo que nos quejamos de este tipo de cosas y no son pocos quienes se ríen en nuestras caras, ello gracias a reporteros como estos. Personas que cumplen con informar lo que sus jefes corporativos les indican, o tal vez debería decir desinformar. Una vergüenza.

: : La búsqueda de la verdad

Los sucesos del mundo me llaman la atención. Leyendo los diferentes periódicos a los que tengo acceso gracias al internet, no sólo me informo, sino que a la vez me entretengo tremendamente. Ayer por ejemplo un anticuario decía que Nicolas Cage podría ser un vampiro ya que entre su colección de cachivaches tiene una fotografía de hace por lo menos doscientos años, en la que según él, aparece el actor. Lo sorprendente es que quiere rematar el retrato pidiendo un alto precio y ya han aparecido compradores.

El mundo en el que vivimos está totalmente loco. La forma de ver las cosas varía de manera contundente entre una persona y otra. En verdad, las interpretaciones de los hechos noticiosos cuentan con una gran cantidad de matices. Algunos peores o más estrafalarios que otros.

Así sucede también con la historia. Dependiendo de las ideas políticas de quienes las escriben es el perfil que agarran. Por eso es que no es difícil, si uno busca con un poco de paciencia, encontrar alguien que cuente la historia de acuerdo a nuestras propias ideas preconcebidas.

Los de un lado dicen que la cosa es blanca, mientras que por el otro lado argumentan que es negra. No falta el que discrepa de ambos y dice que para él la cosa es verde. Para otro es azul. No se ponen de acuerdo y lo que menos tienen es la intención de hacerlo. Lo que todos ellos persiguen es que los demás acepten religiosamente lo que ellos opinan y nada más. Genial.

Reconozco que en general a mi me sucede lo mismo. Soy decididamente uno de ellos. Tengo claro que las cosas son de un color y es muy difícil que me convenzan de lo contrario. Leo lo que otras personas me envían para cambiar mi manera de pensar. A veces, o en general en la mayoría de las ocasiones no termino ya que discrepo de tal manera que prefiero no seguir adelante. Sin embargo a veces, debo reconocer, algunas de mis apreciaciones han sido removidas.

Cuando eso sucede, me refiero a que me muevan el piso, generalmente un nuevo camino se abre en mi cabeza. Una nueva ruta a seguir en la búsqueda de esa verdad absoluta que supongo todos, en mayor o menor medida buscamos. Busco y busco. A veces encuentro. Me convierto en un seguidor. Me hago del hábito y tomo ese estandarte.

La verdad es una cosa bastante subjetiva. Todos dicen tenerla sin embargo creo que lo único que en verdad me ha quedado claro con los años, es que pareciera ser que no es así, nadie la tiene. Nadie está ni cerca de encontrarla. En una de esas, la verdad no existe. Nos metieron en la cabeza eso de que la verdad existía para mantenernos ocupados buscándola. Todos somos un poco como Indiana Jones. Caminamos por la vida con nuestra chaqueta de cuero, nuestro sombrero, un látigo y una libretita para ir anotando nuestros avances. Todos hemos sido enviados a buscar algo por encargo.

Como siempre digo, puede que esté totalmente equivocado. Puede ser que no sea más que, como dicen mis amigos cubanos, un “comemierda”. Lo que sí puedo reconocer casi con total absolutez es que en esta búsqueda, he conocido muchas personas geniales. Interesantes. Realmente especiales. Podrá ser que nunca encontremos esa verdad que tanto buscamos, pero como me dijo un profesor hace algún tiempo, de esta búsqueda no terminaremos con las manos vacías.

: : Libertad de pensar

Soy libre de escuchar o decir lo que quiera, así como soy libre de no hacerlo. El que lee lo que escribo es libre también de leerlo y si quiere puede no desecharlo. Es un derecho que no es sólo mío, sino que lo compartimos todos los que somos ciudadanos. Así aparece en la Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos. Nadie nos puede obligar a adoptar una religión u obstaculizar la libertad de culto, de expresión, de prensa, de reunión, o de petición. Así son los derechos. Las sociedades avanzan y crecen cuando son capaces de dar libertades y derechos a quienes forman parte de ella. Cualquier alusión a lo contrario debería ser ilegal.

Es por eso que, aunque no siempre comparto la opinión de otras personas respecto a diversos temas, respeto su derecho a expresarlas. Debe ser por eso que me sorprendió por sobre manera cuando, hace algunas semanas, un “amigo” de facebook tuvo su día de rabia conmigo. Todo partió por un comentario que hice respecto a un hecho político. Nada del otro mundo. Algo posiblemente majadero, pero inofensivo. Al menos eso creía. Claro que por el tono en que empezó a increparme, me quedó claro que no pensábamos igual.

Respetuosamente le respondí a su nota, ya que en verdad no tengo problemas con eso. Se quejó de que era negativo y que nunca escribía nada constructivo, algo que me sorprendió, ya que siempre he creído en que la crítica constructiva enriquece y amplia la visión de los demás así como la propia. Mi “cofrade” no lo vió así y continuó descargando su rabia contra mí, y cada vez que le respondía, sólo conseguía que se enfureciera más. Reconozco que a veces tengo la habilidad de hincharles las redonditas a ciertas personas, pero créanme cuando les digo que en este caso en particular quería un debate. Buscaba una discusión elevada. Una simple conversación medianamente civilizada. Pero no lo logré. Mi “camarada” feisbuquiano seguía recargando mi muralla con sus agravios y de pasó, escribiendo mensajes en la suya para que quienes me conocieran me eliminaran, ya que para él yo era un hacker.

En una de sus acotaciones hizo mención a que llevaba más de un año leyendo mis comentarios, a lo que no pude menos que comentar en tono de pregunta que si tanto le molestaban mis observaciones, ¿cómo no lo había mencionado antes? o, en el peor de los casos, ¿cómo no me había eliminado de entre sus contactos? No me respondió. Siguió adelante con sus embestidas. Una pena.

Este acontecimiento comenzó al medio día y se prolongó hasta bien entrada la tarde. Ya de noche, me escribió una amiga en común pidiéndome que lo eliminara de entre mis amigos, ya que claramente él no me consideraba dentro de esa categoría… por respeto a ella lo hice esa misma noche. Triste, tolerancia cero la de mi “amiguete” de facebook.

Por supuesto que antes de acabar con su día de rabia me di el gusto de escribir un último pensamiento que decía más o menos así; A esos tales que persisten en obrar desde la descalificación y la falta de respeto, les dejo claro que seguiré adelante a pesar de sus atropellos, porque entre otras cosas en mi espacio “mando yo”. Si tanto les molestan mis opiniones me pueden "eliminar" en cualquier momento... Facebook, twitter y las demás redes sociales abren un espacio para el diálogo y la discrepancia, para la pluralidad, no para la violencia, los fundamentalismos y la falta de respeto... yo leo lo que postean mis amigos y no siempre comparto sus opiniones... sin embargo los respeto a todos... yo aprendo y me informo gracias a las opiniones de los demás... he dicho...

: : Nada al azar

Por más que quiera, que trate de la manera más tenaz, no puedo dejar de pensar que todo no es más que una farsa. Una maquinación enferma. Maquiavélica. Un cruel y monstruoso plan. ¿De quién? Sólo un desalmado podría haberlo tramado. Un genio del mal. Un héroe de lo descabellado. Una mala persona. Una muy mala persona. Pero que quieren que les diga, soy chileno. Por naturaleza desconfiado.

Las sociedades por todos lados están pidiendo cambios. Saliendo a las calles, descargando su descontento a través de las redes sociales, pidiendo que se les respeten sus derechos, que se les trate como personas. Un poco de dignidad. Algo de compasión. Piden cambios por doquier y están en su derecho. Está bien que alcen la voz. Pero aunque parezca increíble, desconfío.

Pero así no mas es. Sin ir más lejos, veamos el caso de la sociedad chilena. Marchas, paros, protestas, reyertas, carnavales, youtuberos, facebookeros y twiteros, todos ellos de la mano de los disturbios, de los edificios y automóviles quemados, las barricadas, los heridos y los detenidos. Del caos. La ingobernabilidad. Todo lícito dentro del gran plan. Nada es dejado al azar.

Trato una y otra vez de sacarme este pensamiento de la cabeza, pero no puedo. Esta idea de manipulación sigue ahí aferrada con dientes y uñas.

Creo que alguien está detrás de todo esto. Las cosas no suceden así por así. Hay un plan. No sé de quién. Pero todo esto no es casualidad. Siempre hay quien se beneficia de todo este tipo de situaciones que no necesariamente son los marchantes, ni los dirigentes, ni los delegados, ni los huelguistas, tampoco los vecinos del barrio. Dios quiera que no sea más que mi sicosis. Ojalá que al final me equivoque.

Sucede que la historia, por medio de las desclasificaciones de documentos gubernamentales, de tanto en tanto nos deja ver que nada sucede al azar. Siempre hay alguien detrás de cualquier suceso de gran envergadura. No nos olvidemos del señor Kissinger, el gran artífice de los descalabros latinoamericanos de los sesenta y setenta. No olvidemos a los discípulos de Milton Friedman, los Chicago Boys. Su plan se llevó a efecto. Unos pocos se hicieron inmensamente ricos y los demás, bueno, los demás solo somos el motor de esas riquezas. Piezas, cilindros, tornillos y tuercas, reemplazables y desechables. Por si acaso, tres ministros del actual gobierno son miembros de este grupo de economistas de elite, Lavín, Larroulet y Fontaine. Lo que me hace desconfiar aún más.

Muchos de los cambios que la gente pide en las calles y a cacerolazos vienen de esa época, cuando este grupo de economistas hicieron realidad sus magníficos planes. Pido una vez más disculpas por mi tozudez, pero no dejo de pensar que todo este fervor reformista no sea más que una nueva etapa de este plan y ya estén resueltos los nuevos pasos a dar. Como de costumbre, en beneficio de unos pocos y los demás, que se jodan.

: : Un mal sueño

Que quieren que les diga. En verdad no sé por dónde empezar. Por ahí dirán que por el comienzo, el detalle es que no tengo claro cuando comenzó todo. Puede haber sido al nacer, o durante la adolescencia. En una de esas comenzó cuando rehusé hacer el servicio militar, a pesar de que daba lo mismo ya que no salí llamado. Quién sabe. Puede haber sido después de mi fiesta de graduación que duró tres días. Da lo mismo. Lo importante es que se dio. Sucedió. Pasó.

Hay quienes dicen que para que algo suceda se requiere que todos los elementos estén en una disposición especial. Hay quienes miran la alineación de los planetas. Hay quienes no dan un paso sin haber consultado primero a la gitana. En asunto de creencias no hay nada que hacer. Hay de todo y para todos. Yo tengo las mías. Son raras. Especiales. Mías. Creo y no creo a la vez. Soy un fiel y a la vez el peor de los infieles. Soy un santo y un diablillo. Soy la dualidad misma. El día y la noche a la vez.

Hubo un tiempo en que pensé en que lo mío era la noche. Un vividor. Un desordenado. Pero con el tiempo me di cuenta que la mejor de las noches es la que paso durmiendo. Las vueltas de la vida. El cazador cazado. Ahora con suerte llego a la medianoche. Solo en cuerpo, ya que en espíritu estoy más que dormido. Si no me creen, es cosa de que le pregunten a mi señora, ella les dirá que es cierto.
Podía pasar toda la noche de fiesta y después de una ducha, salir al laburo fresco como lechuga. Esos días se fueron. Ya no están. Se acabaron. Ahora si no duermo una cantidad de horas (aún no clarificada cien por ciento), me levanto destruido. No valgo un peso. No sirvo para nada.

Sepan que en esas condiciones venía a la oficina. Temprano en el bus. Absolutamente dormido. Ausente. Perdido. Poco antes de llegar a mi parada, casi en forma instintiva, hice lo que correspondía. Toqué el timbre. Anuncié con tiempo mis intenciones de descender del transporte. En eso, para mi sorpresa, una persona manejando un Volvo negro no encontró nada mejor que hacerle una encerrona al bus. La conductora respondió ágilmente la afrenta a la altura que ameritaba la situación. Frenó. Por supuesto que en su reacción de reflejos felinos no reparó en mi persona. En ese preciso segundo me hallaba de pié frente a la puerta de atrás, aquella por la que siempre sugieren uno baje. Volé por el pasillo. Una horrible manera de despertar. La peor, o si no la peor debe estar dentro de la lista de top ten. Volé tratando de agarrarme de algún fierro o algo firme que detuviera mi marcha. Nada. Mientras tanto, mi mochila iba golpeando cabezas como una enajenada. Sin control. Por supuesto eso era lo de menos. Mi vuelo era realmente lo impactante.

No sé cuantas cabezas habré golpeado en mi alocado viaje, pienso que unas tres, seguro que me odiaron. Lo más probable es que fueran tanto o más dormidos que mi persona. Por suerte el asunto no pasó a mayores. No chocamos. No me rompí nada y sí, logré afirmarme de un poste de metal que frenó mi marcha. Me disculpé con las personas a quienes mi mochila había agredido y me bajé por la puerta delantera.

Como ya dije, que quieren que les diga. No fue esa la mejor forma de despertar. Hoy ando con las vitaminas bajas. Tengo mis fuerzas en su nivel mínimo y aún no despierto por completo. Ando con la mente dormida. Estoy físicamente presente, pero eso es todo. No hay más. Si me buscan, hoy no me encuentran. En una de esas, lo del bus no fue más que un mal sueño.

: : Nosotros, el resto

Hace tiempo que no me tomo el tiempo de sentarme a escribir algo. Será que el exceso de trabajo me tiene medio agotado y ando con las ideas desordenadas. Los pensamientos no llegan con la claridad que deberían y eso me tiene complicado. Pueden ser esas algunas de las razones, sin embargo me quedo con la alternativa que dice “ninguna de las anteriores”.

Para buscar excusas somos todos campeones. Bueno, quizás no todos pero si la gran mayoría. Lo primero que siempre llega a nuestros labios es la negación. No puedo, no sé, no tengo tiempo. En verdad, el tiempo siempre está, es cosa de mirar a otras personas, aquellas quienes al parecer tuvieran más horas en sus días que nosotros, el resto de los mortales.

Excusas, excusas y más excusas. Para eso somos campeones mundiales. Top One. No fallamos nunca. Los reyes. Los mejores. No perdemos oportunidad alguna de salirnos de los embrollos con una buena evasiva. Una disculpa. Un escape. Pero no siempre podemos zafarnos por completo. A veces tenemos que poner la cara y asumir. Si no he publicado nada es porque por alguna razón caí en un bajón creativo. Lo que los gringos llaman un Writers Block, eso, un bloqueo. ¿La razón? No tengo idea. Pero lo que si se es que los fatídicos eventos de los últimos días me han tenido pensando mucho sobre lo frágiles que somos. El poco control que - aunque no queramos – tenemos de nuestras vidas. No somos eternos.

No entraré en detalles pero hace pocos días falleció trágicamente una persona muy conocida y querida por muchos, una celebridad. Era apenas dos años mayor que yo. Un niño. El asunto es que como en la mayoría de los casos, al morir siempre aparece lo mejor de las personas. Nadie habla de lo malo, de lo cascarrabias ni ninguna de esas cosas, solo se reconocen las bondades del occiso. Bueno, volviendo a lo mío, muchas cosas buenas se hablaron (y se siguen hablando) de esta persona, entre ellas, el cómo vivió su vida. La disfrutó. Hizo más de lo que muchos de nosotros haremos en todas nuestras vidas. No sólo por el hecho de tener los recursos monetarios para hacerlo, sino porque en él habían verdaderas ganas de hacerlas.

No dudo que lo monetario es un dato no menor. Aún así, hay gente que gana menos que yo y parece que siempre hacen más. Entre esas cosas darse el tiempo de, por ejemplo escribir lo que piensan. Reconozco que dejé de escribir por flojera. Por ahí quedaron algunos intentos que fueron ferozmente censurados por mi editora y por mí mismo. A veces uno no tiene ninguna piedad consigo mismo. Somos despiadados. Eso, supongo, tampoco es de lo mejor. Las excusas excesivas, la flojera y la feroz y despiadada autocritica no son lo mejor. A veces, hay que hacer el esfuerzo de simplemente ser más felices con lo que tenemos.

: : Vida de perros

El otro día venía atrasado a la oficina. Nunca llego tarde así que no me preocupé demasiado. Llamé para avisar y listo. No había porque sentirse mal ni nada por el estilo. No es cosa del otro mundo, claro que en verdad odio llegar tarde. Me desagrada mucho para ser honesto. No lo soporto. En alguna parte de mi cabeza está guardado que llegar tarde es una muestra de poco respeto. Cada vez que uno llega tarde a algún lado hay alguien que se quedó esperando. Triste. El asunto es que iba tarde a la oficina pero estaba tranquilo ya que había avisado. Claro que no tan tranquilo, ya que de todas maneras no quería llegar DEMASIADO tarde. Por suerte cuando me bajé del tren noté que venía el bus que me deja justo al frente del edificio en donde trabajo. No lo pensé dos veces y troté para alcanzarlo. Si no tomaba ese bus me tocaba tomar el trolley, lo malo es que me deja a dos cuadras del edificio. Demasiado. Una locura. No había donde perderse. A trotar se ha dicho. Por suerte alcancé a subir y la puerta se cerró a mi espalda. Una exhalación, entre cansancio y satisfacción salió de mí. Me senté y partimos.

A poco de partir, el bus realizó su primera parada. Bajó una señora. No subió nadie. Seguimos. Luz roja. Paramos. El bus iba lleno de mal humorados ciudadanos. La gran mayoría muy complicados por que el transporte anterior no había pasado. Horror. El bus pasa cada media hora, o sea que iban atrasados por lo menos una hora a donde quiera que fueran. Terrible. Partimos y en la segunda parada comenzó el espectáculo. Subió una señora vestida como guardia de seguridad. Como no era Halloween, asumo que es lo que era. Después, un tipo gordo, bajo y medio calvo comenzó a subir un montón de cajas y paquetes. Hasta ahí todo bien, el problema fue que no iba solo y el chofer lo detuvo de inmediato. “¿Dónde va con ese perro?” preguntó. No sólo no respondió sino que siguió adelante con el abordaje de su amigo canino. El tipo no entendió ya que la pregunta iba en inglés. Entonces el conductor repitió la pregunta y cuando se dio cuenta de que no estaba siendo entendido pidió ayuda a los pasajeros que, a esa altura, comenzaban a murmurar por la demora. Dos o tres amables pasajeros saltaron a traducir lo cual tampoco ayudaba mucho, sin embargo el caballero contestó que el can era su acompañante. En el bus venía un empleado de la compañía de transporte que estaba supervisando la travesía. Se acercó para enterarse de lo que pasaba y rápidamente dijo que el animal no podía subir a menos que fuera un perro lazarillo. “¿Su perro es de ayuda?” preguntó el supervisor, mientras el chofer ya mostraba claros indicios de mal humor. Las traductoras, que a esa altura sumaban al menos cuatro, le hicieron saber al pasajero lo que se le preguntaba, a lo que respondió que su mascota lo ayudaba mucho, cuidando su casa.

Ya habíamos perdido unos cinco minutos en este ir y venir de preguntas y respuestas, entonces una señora, rellenita ella, molesta con el sistema de transporte público y con todo el mundo en general, comenzó a atacar verbalmente a medio mundo en inglés, defendiendo los derechos del perro a subir, arguyendo además que el asunto no era problema de nadie. Nos trató a todos mal diciendo que el perro era mejor que muchos de quienes íbamos en el transporte público. No discutiré ese punto, ya que, en algunos casos puede haber tenido razón. Quien soy yo para negarlo. El punto es que la gordita alegó y alegó hasta que puso los nervios de otra señora de punta y le empezó a debatir airadamente sus dichos. Por otro lado, otra afable dama le traducía a quienes no estaban entendiendo las elocuciones de la desventurada gordita. Como era de esperarse, quienes se sintieron golpeados con las sentencias de la desdichada obesa comenzaron a alegar de inmediato. La imagen era sobrecogedora. Volviendo al perro, el supervisor preguntó al prospecto de pasajero si tenía los papeles de su mascota, los cuales después de la traducción de rigor comenzó a buscar en su billetera. Luego de mirar en ella por unos segundo pregunto que de qué papeles le estaban hablando. Una maravilla. A esa altura llevábamos unos siete minutos detenidos y los murmullos eran gritos. “Déjenlo subir”, “Sigamos”, “Hasta cuando”, “Voy atrasado”, etc. Al final el perro subió y se sentó tranquilito. Claro que no pagó su pasaje. Movió la cola. Era un perro mestizo. Un quiltro flaco. Un chucho. Simpático, pero sin pedigrí alguno. Finalmente partimos. Se reanudó el viaje. Nos pusimos en marcha. El problema es que ahora no había como callar a la señora rolliza que había dejado en claro que no era una persona simpática y fácil de tratar, y a quien como si fuera poco, todos le caíamos mal. ¿Será esto a lo que se refieren cuando dicen “vida de perros”?

: : Homenaje a un par de perras

Una semana como esta, pero en el año 1969, los rusos mandaron al espacio el Sputnik 5. En su interior iban dos perras y 40 ratones. Belka y Strelka eran las canes. Ya nadie habla de ellas. De las cuarenta ratas no se mencionan nombres. Tal vez por algún asunto de seguridad nacional. Recordemos que esto se hizo en medio de la Guerra Fría que por suerte ya terminó, o al menos eso nos han hecho creer.

Mandar dos perras al espacio sin nadie que les recogiera sus excrementos es cosa seria. Una falta grave a los códigos de etiqueta de la actualidad. El que tiene perro que lo cuide. Para eso estamos. El mejor amigo del hombre debe ser servido. En su momento nadie se quejó. Lo de las cuarenta ratas es otro problema. A ellas nadie las defiende ya que se cuidan solas. Además se les tiene mucha bronca por eso de las enfermedades que acarrean y otros males no menores. ¿Por qué cuarenta? Tal vez haciendo referencia a los cuarenta ladrones de Ali Baba. Ladrones, roedores. Claros problemas de los tiempos modernos a pesar de que han estado entre nosotros desde siempre. Los ladrones, a menos que sean como los seguidores de Robin Hood, no son queridos por nadie y por cierto los roedores tampoco.

Sin embargo lo de las perritas es otro problema. Me caen bien los canes. En mi casa tenemos una, se llama Lainey, en homenaje a un personaje de Seinfeld. Una belleza de animal. Noble como ella sola. Una tremenda compañía. Ella tiene quienes la cuiden. Las pobres Belka y Strelka son asunto olvidado. No hay estatuas en su honor ni nada. En la plaza roja deberían tenerles al menos una plaquita con sus nombres. Pero no, ya nadie las menciona. Se fueron al espacio una semana como esta pero hace cincuenta años y ya.

Por el bien de la humanidad se hacen experimentos con animales una y otra vez hasta conseguir resultados auspiciadores. Se les da la oportunidad a los científicos y a los inventores. Todos tienen una y otra oportunidad de hacer las cosas, menos nosotros los simples mortales. Que se le va a hacer. Así no mas es la vida.

Perros, monos y ratas en el espacio. ¿Qué vendrá después? Lo más probable que sean abogados, políticos, banqueros y millonarios también. Creo que al final da como lo mismo.

: : El plantón del domingo

El sábado quedamos en que el domingo trabajaríamos y no pasó nada. Mi señora tenía planes de ir a la playa y fueron cancelados. No fue culpa mía. Me habían dejado plantado. Sentado al lado del teléfono como una Penélope. La de Serrat. La que se quedó solterona. Pobrecita ella. Pero en fin, el punto queda claro. No necesito darles más detalles. De todo lo malo siempre sale algo positivo. Un aprendizaje, un contacto, una anécdota entretenida. En este caso, mientras esperaba que sonara el teléfono saqué del cajón mis lápices y una libreta y me puse a dibujar. Pasé toda la tarde dibujando. Tal vez algún día les muestre mis dibujos nuevos. Lo más entretenido es que me sentí muy bien haciéndolo. Fue un hermoso reencuentro.

Hace mucho que no pasaba una tarde dedicada al dibujo. Creo que me hizo bien. De vez en cuando es bueno dejar todo y recuperar aquellas cosillas que nos hacían feliz. Mi señora estaba molesta por el plantón que me habían dado, sin embargo quedó encantada con los bosquejos que saqué. Una maravilla. Una tarde de playa que se había ido por los caños se había convertido en una tarde para la creatividad.

No es agradable que nadie pierda nuestro tiempo, especialmente porque es bien sabido que el tiempo perdido no se recupera. Si yo decido perder mi tiempo es problema mío. Pero que otra persona lo haga no está bien. No es correcto. Debería de alguna manera ser penado por la ley. Alguien debería establecer un número ochocientos donde poder dejar estampada la queja. Un lugar donde uno pudiera desahogarse. Pero no existe ese lugar especial. Nadie le para bolas al tiempo. Nadie se pone a pensar en que el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos. Bueno, Milanés lo hizo y parece que fue el último.

Pero perder el tiempo tampoco es algo bueno. Cualquier cosa que se pierda se extraña. La memoria, las argollas, un libro o cuaderno. Se pierden los goles y en castigo te los hacen. Se pierden los estribos y las llaves. El asunto, es que a penas nos damos cuenta que hemos perdido algo, de inmediato lo extrañamos y más que nunca lo necesitamos. Triste, pero lo que se perdió se perdió. Especialmente el tiempo.

La pobre Penélope de Serrat perdió su tiempo esperando a su galán y al final perdió también su juventud y su cordura. Se quedó solterona. Triste. Una lástima. Los que la querían y miraban como pasaba esto sufrían. Así es, como mi señora sufría sabiendo que estábamos perdiendo una hermosa tarde para estar en la playa. Lo importante, es que algo bueno sacamos de todo esto. Al final no todo estaba perdido.

: : Puede que si y puede que no...

Al parecer los señores de British Petroleum lograron parar el derrame de petróleo en el Golfo de México. Al menos eso nos dicen los medios de comunicación. Quien sabe si podamos confiar en ellos. Puede que si y puede que no. La dualidad de la vida es una constante. Tenemos lo material y lo espiritual. Por cada Jing tenemos un Jang. Si tenemos día, también tendremos noche, razón y fe, bien y mal y bla, bla, bla. Para todo lo que hacemos hay un cincuenta por ciento de probabilidades de que se dé como de que no.

Puede que el derrame de petróleo se haya detenido como puede ser que no. Quien sabe. Es triste depender tanto de los medios y al final no poder confiar al cien por ciento en ellos. Una lástima. Cuando chico creía en todo lo que leía. Ahora que ya soy un adulto encuentro difícil creer con la misma facilidad. Lo triste es que hay millones que nunca han dejado de creer y que se tragan cualquier cosa que les den. Horror. Triste pero cierto, y los mentirosos lo saben y por eso siguen alimentándolos con sus mentiras.

No es fácil no creer. Eso también es triste. No se puede vivir una vida sin creer en nada ya que llega un momento en que uno se encuentra solo. Aislado. Marginado. Nadie quiere estar con alguien que no cree en nada. Lo tildan de amargado. Por alguna razón hay quienes toman las creencias como si fueran golosinas. Ahora que lo pienso, puede que si lo sean, quien sabe. Las amarguras de la vida se pasan con los placebos como la religión y los deportes. Otros pasan las amarguras con alcohol. De acuerdo con esto los predicadores, los peloteros y don Juanito Walker deberían ser considerados males necesarios para las amargadas existencias de los humanos.

A veces me siento como si estuviera parado afuera de un restaurante mirando a los comensales disfrutar de sus cenas. Miro desde el otro lado de la vitrina. Los veo mover sus labios en gratas conversaciones pero no los escucho. Sólo oigo los ruidos de afuera. La gente que pasa apurada. Las bocinas y los motores. Los gritos lejanos. El zumbido molesto producido por la gente hablando por todos lados. Adentro en el salón están los que creen en algo sin cuestionarse nada. Afuera los que nos cuestionamos todo. Al parecer los de afuera somos más. Sin embargo nos comunicamos menos. Estamos repartidos. No nos conocemos. En verdad, puede ser que si sea más solitario de este lado.

Pasamos la vida caminando sobre este tejido de cuadrados blancos y negros. No siempre ponemos atención a las cosas, pero por cierto ahí están. Nos observan. Siempre hay alguien mirando. No estamos solos aunque a veces nos sintamos así. El dualismo está presente. No nos deja. Querámoslo o no, siempre está. Hoy jugaré a la lotería una vez más. Puede que gane o puede que no. Veremos. Para que pasen las cosas siempre hay que dar un primer paso. En todo caso, aunque los señores de BP hayan detenido el derrame, hay un cincuenta por ciento de probabilidades de que no les compre su combustible nunca más.

: : Dejando que la mente vuele

El verano de 1984 fue memorable por muchas razones las cuales no pretendo contar ahora, ya que no se trata de eso que voy hablar. La razón por la que mencioné esa fecha tiene que ver con un tema que acabo de escuchar en iTunes. Así funciona la mente. Es una loca que cualquier cosa, por pequeña que sea la trasporta. En verdad, cuando uno está en un lugar en el que se siente incómodo, lo único que le queda por hacer es dejar que su imaginación viaje lo más lejos que pueda. Con o sin rumbo da lo mismo. Que nos lleve a mejores lugares. A sitios en donde hemos sido felices o lugares en que creamos poder serlo.

Debo reconocer que siempre he sido un tipo afortunado, a pesar de que a veces me quiero convencer de lo contrario. La señora fortuna de una forma u otra se las arregla para dejarme saber que he sido acariciado por su varita mágica. La suerte siempre me da la razón aún cuando a veces piense que me ha dejado. Tengo suerte de tener tantos buenos recuerdos atesorados en mi memoria, y tengo suerte ya que sé que aún quedan muchas cosas buenas por venir.

El valor de los recuerdos varía según la edad en que fueron creados. Por ejemplo, los que guardo de ese verano se refieren mas al desenfreno de un jovencito que sólo piensa en el aquí y en el ahora. Eran hasta cierto punto egoístas. Unipersonales. Singulares. Ahora, mis recuerdos son colectivos, en ellos vienen el reflejo de las vidas de mis hijos. Ya no sólo veo a través de mis ojos sino que también por los de ellos. Disfruto de sus fotografías en Facebook junto a sus amigos y me trasporto a esos tiempos en que estaba con los míos. Mucho tiempo ha pasado. Mucha agua ha corrido por debajo del puente.

Gracias al macabro Internet muchas cosas buenas se han podido dar en nuestras solitarias vidas. Nos hemos vuelto a comunicar con los recuerdos. Nuestras mentes han dado una nueva y feroz pelea contra el Alzheimer. No somos pocos quienes nos hemos dado el tiempo de mirar atrás en nuestras vidas y de paso, ver como les ha ido a nuestros amigos de infancia. Que tiempos aquellos, sin preocupaciones ni problemas. Cuando el tiempo parecía que nunca iba a pasar. Cuando no amanecíamos molidos después de una noche de fiesta. Ahora, con suerte me da el cuero para salir de juerga una o dos veces al mes y la recuperación se da en un par de días y no en horas. Como ha pasado el tiempo.

De una cosa me he dado cuenta. Las cosas que me gustaban en esa época son mas o menos las mismas que me gustan ahora. No han cambiado mucho mis gustos con el paso del tiempo. En ciertas cosas se han refinado, en otras son exactamente iguales. Sigo siendo el mismo. Con algunos kilos de más. Pero que le vamos a hacer si la gravedad nos maltrata con los años. Es como la televisión que aumenta de peso a los animadores. Los años no pasan en vano.

La mente es cosa seria. Debe ser horrible perderla. Olvidar todo. Quedarse en blanco. Debe ser por eso que me da mucha lástima lo de Cerati. Su música acompaña muchos de mis recuerdos ochenteros. Una época inolvidable. Ojalá que se recupere.