: : Miércoles culturales #3



Ya cabros, me tienen que disculpar por la demora, pero hoy ha sido uno de esos días. Dicho esto, partimos de una con la palabra o expresión de los miércoles, o miércoles culturales.
Perder el norte…

Cuando una persona -da lo mismo el color político, cargo o equipo-, pierde el norte, significa que ha perdido la razón, que se comporta de forma errática o desordenada, como si estuviese desorientado, como si no supiera dónde está, quién es, ni cómo debe comportarse.


El origen de esta frase proviene de la forma original que se tenía en navegación para orientarse, es decir, gracias a la Estrella del Norte o Estrella Polar. Cuando el Sol se escondía tras el horizonte y no podían ver el camino de ninguna forma miraban al cielo y buscaban la estrellita esa y ya. Si ellos no la encontraban o “perdían el Norte”, estaban perdidos, a la deriva, jodidos, sin saber a dónde iban.

Ejemplos podríamos dar por montones: “la Presidenta perdió el norte”, “Jovino perdió el norte”, “Carlos Larraín hace mucho rato que perdió el norte”, “Bonvallet creo que nunca ha tenido su norte claro”, etc. Como pueden ver cabros, la expresión da para mucho.


Publicado 25/02/2015



: : Michelle, Michelle


Michelle, Michelle… serás recordada por tu increíble capacidad de hablar y hablar sin decir nada. Como buena dostora, eres una mostra a la hora de quitarle el poto a la jeringa. “El compromiso es continuar avanzando de manera de regular las relaciones público privadas y también de política y negocios”… tú y tus cliché. ¿Ahora que ya se aseguró tu hijo y tu nuera podemos tratar de equilibrar la balanza? Por favor, Michelle, ya no te creo. Ojalá tú y tu gente paren la chacota y el robo descarado y empiecen a hacer la pega para la que fueron elegidos, por la que se les paga, y no poco.

Publicado 23/02/2015


: : Quisiera



Me gustaría vivir en una casa en la que no hubiese fantasmas. Donde no baje la temperatura de manera súbita y donde no se sientan cadenas arrastrándose por el pasillo. Donde no se escuchen voces de niños jugando en una pieza vacía a las tres de la mañana. Eso me gustaría. Creo que no es mucho pedir. Por el contrario, me parece justo. Merecido.

Otra cosa que me gustaría es tener un balcón con una buena vista y no como la que tenía en el pequeño departamento de la calle 27. La luz del sol no entraba nunca. Nos pasaba de largo. 

Quiero que mi casa sea con piso de madera y no con baldosas ni cosas por el estilo. Me gustaría que en el techo se vieran unas grandes vigas de madera y que frente a mi sillón hubiese una chimenea de piedra, como la que mi vieja mandó a construir en la casa de Vitacura.

Todas esas cosas quisiera en mi casa, pero en verdad, lo que más quisiera, es que en ella estuvieras tú.