: : Soñar



Agarré mi bolso y partí de visita al campo. Me baje del metro y salí de la estación. No tenía la menor idea de donde estaba, sin embargo iba contento, y no negaré que también un poco nervioso. Caminé unos pocos pasos y llegué donde estaban estacionados los buses rurales. Mi periplo aún no terminaba. Como es la tendencia moderna de las estaciones, en unas pantallas grandotas estaban anunciadas las salidas y los andenes. Me sentí internacional. De mundo.

A la misma hora en que abordaba el bus, un montón de personas, hombres, mujeres y niños subían de vuelta a sus hogares. No son pocos quienes han escapado de la ciudad para los suburbios campestres. No los puedo criticar. Es una decisión que toma un montón de agallas.

La ciudad para mi es algo que me atrae demasiado. Soy citadino de tomo y lomo, sin embargo, esta  escapada al campo me hizo replantearme un montón de cosas. La ciudad ya no es lo mismo que era antes. La ciudad se ha vuelto inhóspita. La ciudad se ha convertido en una bestia devoradora de sueños.

No se puede vivir sin sueños. Ellos son como el aire, como el agua. Necesarios. Imprescindibles. Los sueños son ese motorcito que nos mueve y nos motiva. Que nos levanta. Que nos ilusiona. Además, los sueños son de las pocas cosas que van quedando que no se venden en las aceras de la Alameda. No tienen precio, son únicos y personales.

A veces los sueños se hacen colectivos. A veces son compartidos. A veces, son tan poderosos que crecen en los demás y se irradian como el calor de una estufa.

Al final llegué donde iba sin inconvenientes. Disfruté del viaje.  Soñé en mi asiento todo el viaje. Soñé en silencio. Como ya dije, soñar no cuesta nada, y hoy, sueño contigo. Te sueño a ti.

: : De vuelta a las letras


Hace tiempo que no escribo y créanme que no es por falta de temas o ganas, sin embargo mi ánimo no ha estado de lo mejor. En verdad mi regreso a Chile ha estado lejos de ser una experiencia agradable. Pero en todo momento he tratado de mantener el espíritu en alto.
 
No me queda clara la razón por la que en momentos debamos topar fondo para ver las cosas con mayor claridad. No me queda claro que el sufrimiento sea una necesidad por la que todos tarde o temprano debamos pasar.

Recuerdo que cuando chico escuchaba decir que mal de muchos es consuelo de tontos. Ahora lo entiendo. A manera de darnos fuerza, siempre tendemos a buscar alguien que este peor que nosotros y con eso parece que nos afirmamos.

No lo estoy pasando bien en Chile, pero conozco alguien que lo esta pasando peor. No merece lo que le esta sucediendo, y por donde lo mire es una tremenda injusticia de la naturaleza. Lo siento demasiado. Más de lo que muchos podrían pensar. Yo tampoco merezco lo que me pasa, nunca pensé llegar a esta edad complicado como estoy. Pero mis problemas son superables y se que los superaré, de una forma u otra.

Lo que no nos mata nos engorda, quien sabe. Por lo menos tenemos salud. Puede que si como puede que no. Frases y clichés tenemos de sobra y del año que nos pidan. Cuando no podemos cambiar las circunstancias sacamos frases bonitas. Para eso somos campeones y claro, la vida no es justa y tarde o temprano nos da palos para que veamos que no somos tan poderosos como creemos. Para que recordemos que hay fuerzas mayores que nosotros mismos.

He vuelto a escribir porque es una necesidad para mí. Es mi exorcismo. Mi cable a tierra. Escribo porque hay cosas que debo sacar de mí. Rabias, frustraciones y en muchas ocasiones simplemente decir lo que otros callan. Aquello que aceptan contra su voluntad. Aquello que toman como si fuera normal. Comer mierda no es normal, y nadie debe aceptarlo ni tomarlo como algo menor. Que no nos convenzan de que lo que hay es lo único que hay… eso es mentira, hay más, merecemos más, y yo lo quiero ya.

: : Al Cesar lo que es del Cesar



Todos los martes, en su página 20, plena sección de deportes, el periódico hoyxhoy da tribuna a dos raudos hinchas quienes comentan de la actualidad de los equipos de sus amores. La página lleva el nombre de Veredas opuestas. Un acierto. 

Pancho Mouat defiende los colores azules en su espacio “Soy de la U” y a su lado, defendiendo a los incoloros, encontramos a don Roka Valbuena y su “Albo eterno”.

Siendo de la U, como ya bien deben saber, generalmente leo a Mouat. Comparto sus opiniones y disfruto sus comentarios ya que en verdad, sentimos muy parecido. Asumo que en el pueblo azul somos muchos quienes sentimos igual. Pero hoy no escribo para congraciarme con Panchito, sino por el contrario, lo hago porque encuentro que el escrito de Valbuena estuvo genial.

Al Cesar lo que es del Cesar dicen por ahí. Valbuena se sacó un siete. Tremendo escrito. Simpático. Locuaz. Entretenido.

Parte la columna contando su conversación con un garrero, un alterado poético que aun no ha podido controlar su ira, que anda con un cuchillo para pelar tomates y personas. Cuenta que le preguntó si eran ciertas las acusaciones de Estadio Seguro contra el equipo, a lo que el hincha respondió “Nada hermanito”, y Valbuena le creyó. De paso, yo también le creo.

Los tiempos de los Pancho Malo, los Kramer y los Anarkia han ido lentamente quedando en el olvido. Creo que los dirigentes algo deben haber aprendido en los últimos años, o al menos eso quiero creer. Los locos exaltados de a poco se han ido quedando solos y las personas decentes, les hemos ido perdiendo el miedo. Dan pena. A veces rabia. Nada más.

Por otro lado, el Plan Estadio Seguro ha sido un fracaso. Una mala idea. Populismo desmedido y sin sentido. Nada más.

Mouaty Valbuena representan a los hinchas como yo. Los que vibramos con el fútbol. Los que amamos la camiseta. Los que seguimos al equipo en las buenas y en las malas. Queremos recuperar los estadios para las familias. No nos interesan los cuchicheos de los pasillos de clubes, intendencias o federaciones. Los partidos se ganan en la cancha, con goles y los cuchillos, son para pelar los tomates.

: : Reflexión para los enamorados



A modo de reflexión puedo decir que, para mí, la cosa es bien sencilla, el día de los enamorados no es más que la creación de algún genio del mercadeo quien necesitaba subir las ventas de chocolates y/o ramos de flores. Lo logró. Partí reconociendo la calidad de genio del tipo ese. Sin embargo, este día comercialote es una farsa. Una vergonzosa mentira. Una chambonada. Una ficción lo mismo que el día de la secretaria, el día los muertos y el de la piscola.

Ojo, no he dicho que los enamorados no existan o que en su defecto el enamoramiento sea una patraña. Lo que digo, es que para los verdaderos enamorados, todos los días son su día. Un hombre enamorado siempre querrá llevarle regalos a la mujer que ama. El verdadero enamorado siempre querrá agasajar  a la culpable de su enamoramiento, y viceversa. Ellas también sienten los mismos deseos a diario.

Hay quienes consideramos esta celebración una baratija, no por eso somos menos románticos o nuestros enamoramientos son menos enamorados. No. Pensar eso es un craso error.

En lo personal me considero un enamorado del amor, un romántico empedernido, un poeta. Nada produce más felicidad en mí que la felicidad de mi pareja, que ella disfrute, que se sienta única y especial. Que se derrita cada día al sentir mis manos recorriendo su espalda como si fuera el primer día. Que su corazón se agite al sentir que la abrazo. Que todos sus temores desaparezcan al descansar sobre mi pecho. Eso y más. Soy un romántico a mi manera. Un loco enamorado.

Creo que cualquier día es un buen día para los enamorados, lo único que en verdad se necesita, es tener ganas de hacer que la otra persona se sienta especial. El enamorado no es egoísta. El enamorado se entrega por entero por su pareja. El enamorado solo desea amar.

: : Aquello que me gusta



El otro día me estaba tomando una cervecita con un par de amigos. Hablamos de todo, como es la costumbre en las reuniones con amigos. De fútbol, ya que nadie más que nosotros sabe realmente lo que pasa en la cancha o como parar bien un equipo. Bueno, Sampaoli ha demostrado que sabe, retiro lo anteriormente dicho. De música. Política. Lo humano y lo divino. Hablamos hasta de farándula, por banal que parezca. Ahí me di cuenta de algo. Tuve mi pequeño momento de epifanía. Se me prendió la ampolleta. Me iluminé.

Sucede que últimamente he andado medio bajón por los más variados motivos. La vida a veces se pone media chúcara con uno y nos zarandea de aquí para allá. Quedamos todos despeinados y doloridos. A veces bien molidos y hasta casi casi derrotados. Pero no, uno se levanta, y ¿por qué? Porque es lo único que nos queda por hacer.

En el medio de la epifanía vi con claridad los elementos que hacen que uno se levante. Los que ayudan. Los que se hacen indispensables. Así que hice un listado. No en orden alfabético ni cronológico. Más bien desordenado. Casi caótico. Delirante.

El listado es simple, sencillo y contempla aquellas cosas y personas que me gustan. Que me hacen bien. Eso que me agrada. Aquello que es indefectible en mi vida. Primero, mis hijos. Mis dos niñitas preciosas, talentosas e inteligentes. Mi hijo, mi cachorro brillante con quien entre otras cosas, compartimos el mismo sentido del humor. Hablar con mi hermano, posiblemente mi mejor aliado. Mi primo y hermano José, con quien tenemos historias desde la infancia. Su apoyo incondicional, su complicidad son invaluables.

Mis amigos, un ramillete ecléctico de personalidades que me han acompañado, en algunos casos desde la misma infancia, otros desde los recordados ochenta y noventa. Ahí están siempre. Ahí, siempre están.

Me gusta la música, un melómano empedernido. Pero no solo escucharla sino que a veces disfruto haciendo música, tocando mi bajo o el piano. Una guitarra, o lo que sea. Me gusta leer. Amo los libros que leo, de los más variados tópicos y estilos. La poesía. La buena mesa. Comer en fuera. Los asados. Disfruto una cama fresca en una noche calurosa de verano. Una cama tibia en invierno. Disfruto de una pierna suave para sentir antes de dormir.

Me gusta ir al estadio, en especial al Santa Laura, donde encuentro que el fútbol se ve mejor. Amo la sensación, la nostalgia que me produce estar ahí. Siento cerca a mi papá.

Me gusta el cine, especialmente las comedias ya que encuentro que la vida tiene suficientes dramas y lo que menos quiero es una sobredosis de mala onda. Me gusta caminar por la tarde cuando ya ha pasado el calor y la brisa se pone fresca. Cuando hay tantas cosas buenas para disfrutar, es imposible que los malos tiempos nos mantengan permanentemente abajo. Me gusta la vida, y mientras más lo pienso, es mucho lo que tengo aún por vivir.