: : Escribir y escribir



Me baje del cielo y me puse a escribir canciones. Malas canciones. Sin música. Nada de música. Solo silbidos, bocinas y sirenas del samu. Canciones que liberan el alma y se llevan a la tumba las tristezas.

Santiago es una ciudad desconocida para mí. Una ciudad que tiro al olvido todos los hermosos espacios que tenían significado real. Donde el mármol era mármol y no imitación. 

Me baje de la nube y me puse a escribir poemas enamorados. Llenos de sentimientos y emociones. De esos que me ponen todo tierno por dentro. De esos que sacan suspiros si van acompañaditos de una rosa. Poemas en versos perfectos donde las rimas riman, y los acentos y las comas están puestos en el lugar preciso.

Me senté en una mesita redonda de cubierta verde, robe una servilleta y seguí escribiendo. Escribí nombres de personas que se me estaban empezando a olvidar. Llene la servilleta por ambos y lados y tuve que partir a robarme otra. Esta vez trate de dibujar los labios que he besado, pero me dio pena. Me sentí solo. Me sentí miserable.

Entonces me pare de la mesa redonda con cubierta verde, y trate de volver por el camino que me había traído hasta ese lugar para ver si encontraba la misma nube de la que me había bajado, pero ya no estaba. Se había ido. Quise volver al cielo del que me había bajado, pero ya no estaba la escalera, se la habían llevado. Alguien la había escondido.

Sin tener como regresar al lugar celeste donde estaba tranquilo, no me quedo otra mas que quedarme. Aceptar la realidad. Seguir robando servilletas para escribir mis canciones y poemas sin música ni rosas rojas que las acompañen. Seguir sacando mis palabras que no significan nada para nadie. Pero que para mi son todo. 



: : Soñar



Agarré mi bolso y partí de visita al campo. Me baje del metro y salí de la estación. No tenía la menor idea de donde estaba, sin embargo iba contento, y no negaré que también un poco nervioso. Caminé unos pocos pasos y llegué donde estaban estacionados los buses rurales. Mi periplo aún no terminaba. Como es la tendencia moderna de las estaciones, en unas pantallas grandotas estaban anunciadas las salidas y los andenes. Me sentí internacional. De mundo.

A la misma hora en que abordaba el bus, un montón de personas, hombres, mujeres y niños subían de vuelta a sus hogares. No son pocos quienes han escapado de la ciudad para los suburbios campestres. No los puedo criticar. Es una decisión que toma un montón de agallas.

La ciudad para mi es algo que me atrae demasiado. Soy citadino de tomo y lomo, sin embargo, esta  escapada al campo me hizo replantearme un montón de cosas. La ciudad ya no es lo mismo que era antes. La ciudad se ha vuelto inhóspita. La ciudad se ha convertido en una bestia devoradora de sueños.

No se puede vivir sin sueños. Ellos son como el aire, como el agua. Necesarios. Imprescindibles. Los sueños son ese motorcito que nos mueve y nos motiva. Que nos levanta. Que nos ilusiona. Además, los sueños son de las pocas cosas que van quedando que no se venden en las aceras de la Alameda. No tienen precio, son únicos y personales.

A veces los sueños se hacen colectivos. A veces son compartidos. A veces, son tan poderosos que crecen en los demás y se irradian como el calor de una estufa.

Al final llegué donde iba sin inconvenientes. Disfruté del viaje.  Soñé en mi asiento todo el viaje. Soñé en silencio. Como ya dije, soñar no cuesta nada, y hoy, sueño contigo. Te sueño a ti.

: : De vuelta a las letras


Hace tiempo que no escribo y créanme que no es por falta de temas o ganas, sin embargo mi ánimo no ha estado de lo mejor. En verdad mi regreso a Chile ha estado lejos de ser una experiencia agradable. Pero en todo momento he tratado de mantener el espíritu en alto.
 
No me queda clara la razón por la que en momentos debamos topar fondo para ver las cosas con mayor claridad. No me queda claro que el sufrimiento sea una necesidad por la que todos tarde o temprano debamos pasar.

Recuerdo que cuando chico escuchaba decir que mal de muchos es consuelo de tontos. Ahora lo entiendo. A manera de darnos fuerza, siempre tendemos a buscar alguien que este peor que nosotros y con eso parece que nos afirmamos.

No lo estoy pasando bien en Chile, pero conozco alguien que lo esta pasando peor. No merece lo que le esta sucediendo, y por donde lo mire es una tremenda injusticia de la naturaleza. Lo siento demasiado. Más de lo que muchos podrían pensar. Yo tampoco merezco lo que me pasa, nunca pensé llegar a esta edad complicado como estoy. Pero mis problemas son superables y se que los superaré, de una forma u otra.

Lo que no nos mata nos engorda, quien sabe. Por lo menos tenemos salud. Puede que si como puede que no. Frases y clichés tenemos de sobra y del año que nos pidan. Cuando no podemos cambiar las circunstancias sacamos frases bonitas. Para eso somos campeones y claro, la vida no es justa y tarde o temprano nos da palos para que veamos que no somos tan poderosos como creemos. Para que recordemos que hay fuerzas mayores que nosotros mismos.

He vuelto a escribir porque es una necesidad para mí. Es mi exorcismo. Mi cable a tierra. Escribo porque hay cosas que debo sacar de mí. Rabias, frustraciones y en muchas ocasiones simplemente decir lo que otros callan. Aquello que aceptan contra su voluntad. Aquello que toman como si fuera normal. Comer mierda no es normal, y nadie debe aceptarlo ni tomarlo como algo menor. Que no nos convenzan de que lo que hay es lo único que hay… eso es mentira, hay más, merecemos más, y yo lo quiero ya.

: : Al Cesar lo que es del Cesar



Todos los martes, en su página 20, plena sección de deportes, el periódico hoyxhoy da tribuna a dos raudos hinchas quienes comentan de la actualidad de los equipos de sus amores. La página lleva el nombre de Veredas opuestas. Un acierto. 

Pancho Mouat defiende los colores azules en su espacio “Soy de la U” y a su lado, defendiendo a los incoloros, encontramos a don Roka Valbuena y su “Albo eterno”.

Siendo de la U, como ya bien deben saber, generalmente leo a Mouat. Comparto sus opiniones y disfruto sus comentarios ya que en verdad, sentimos muy parecido. Asumo que en el pueblo azul somos muchos quienes sentimos igual. Pero hoy no escribo para congraciarme con Panchito, sino por el contrario, lo hago porque encuentro que el escrito de Valbuena estuvo genial.

Al Cesar lo que es del Cesar dicen por ahí. Valbuena se sacó un siete. Tremendo escrito. Simpático. Locuaz. Entretenido.

Parte la columna contando su conversación con un garrero, un alterado poético que aun no ha podido controlar su ira, que anda con un cuchillo para pelar tomates y personas. Cuenta que le preguntó si eran ciertas las acusaciones de Estadio Seguro contra el equipo, a lo que el hincha respondió “Nada hermanito”, y Valbuena le creyó. De paso, yo también le creo.

Los tiempos de los Pancho Malo, los Kramer y los Anarkia han ido lentamente quedando en el olvido. Creo que los dirigentes algo deben haber aprendido en los últimos años, o al menos eso quiero creer. Los locos exaltados de a poco se han ido quedando solos y las personas decentes, les hemos ido perdiendo el miedo. Dan pena. A veces rabia. Nada más.

Por otro lado, el Plan Estadio Seguro ha sido un fracaso. Una mala idea. Populismo desmedido y sin sentido. Nada más.

Mouaty Valbuena representan a los hinchas como yo. Los que vibramos con el fútbol. Los que amamos la camiseta. Los que seguimos al equipo en las buenas y en las malas. Queremos recuperar los estadios para las familias. No nos interesan los cuchicheos de los pasillos de clubes, intendencias o federaciones. Los partidos se ganan en la cancha, con goles y los cuchillos, son para pelar los tomates.

: : Reflexión para los enamorados



A modo de reflexión puedo decir que, para mí, la cosa es bien sencilla, el día de los enamorados no es más que la creación de algún genio del mercadeo quien necesitaba subir las ventas de chocolates y/o ramos de flores. Lo logró. Partí reconociendo la calidad de genio del tipo ese. Sin embargo, este día comercialote es una farsa. Una vergonzosa mentira. Una chambonada. Una ficción lo mismo que el día de la secretaria, el día los muertos y el de la piscola.

Ojo, no he dicho que los enamorados no existan o que en su defecto el enamoramiento sea una patraña. Lo que digo, es que para los verdaderos enamorados, todos los días son su día. Un hombre enamorado siempre querrá llevarle regalos a la mujer que ama. El verdadero enamorado siempre querrá agasajar  a la culpable de su enamoramiento, y viceversa. Ellas también sienten los mismos deseos a diario.

Hay quienes consideramos esta celebración una baratija, no por eso somos menos románticos o nuestros enamoramientos son menos enamorados. No. Pensar eso es un craso error.

En lo personal me considero un enamorado del amor, un romántico empedernido, un poeta. Nada produce más felicidad en mí que la felicidad de mi pareja, que ella disfrute, que se sienta única y especial. Que se derrita cada día al sentir mis manos recorriendo su espalda como si fuera el primer día. Que su corazón se agite al sentir que la abrazo. Que todos sus temores desaparezcan al descansar sobre mi pecho. Eso y más. Soy un romántico a mi manera. Un loco enamorado.

Creo que cualquier día es un buen día para los enamorados, lo único que en verdad se necesita, es tener ganas de hacer que la otra persona se sienta especial. El enamorado no es egoísta. El enamorado se entrega por entero por su pareja. El enamorado solo desea amar.